Circular Mura – Talamanca

Circular Mura – Talamanca

descripción Circular de Mura a Talamanca

Situación Mura, Bages, Catalunya, España

Moderado Moderado




Descripción Dificultad: Moderada.

Distancia Total Distancia Total: 24, 41 Kms.

Altitud_Máxima Altitud Máxima: 662 mts.

Altitud_Minima Altitud Mínima: 326 mts.

Desnivel Desnivel Acumulado: 1.010 mts.

Tiempo Total Tiempo Total: 8 h. 36 min.

Punto de Salida Punto de Salida: Mura.

Punto de Llegada Punto de Llegada: Mura.


Ficha Técnica de la Ruta: ¿Qué es el índice IBP?

 
Ruta muy recomendable que une los pequeños municipios, de gran atractivo e historia, de Mura y Talamanca. Aparte de la ruta recomiendo que se recorra sus calles.
En Mura podemos dejar el coche en cualquier parking público de los que rodean al pueblo ya que no está permitido circular por el centro histórico.
La ruta en si comienza en la iglesia de Sant Martí de Mura al lado de la riera de Nespres. Para ello tendremos que atravesar el pueblo de bajada por sus calles estrechas. Atravesaremos la riera por un tabla de madera y seguiremos hasta alcanzar el torrent del Reixac. Veremos cerca las primeras señales de sendero local (Verde-Blanco). Nos desviaremos unos metros de nuestro camino para ver el Forn de Calç. Volveremos por nuestros pasos para seguir nuestro camino dirección Puig de la Balma. Subiremos antes por la Creu de la Vila. Una vez en el Puig de la Balma veremos sus edificaciones debajo de la Balma, de ahí su nombre, y la ermita de Santa Margarida. Subiremos por un sendero de fuerte subida que nos llevará por la cinglera. Siguiendo el sendero nos llevara por 3 masías, Les Graudetes, El Bofí y Cal Tinet hasta llegar a Rocafort. Cruzaremos el pueblo hasta llegar a la Iglesia de Santa Maria de Rocafort, con su curiosa Pedra de les Creus al lado. Seguiremos el sendero dejando el cementerio a la derecha hasta llegar a la Riera de Mura. A partir de aquí iremos en continua subida dirección Talamanca. Llama la atención lo pobre de la vegetación como consecuencia de antiguos incendios. Llegaremos a Can Pruners y seguiremos el camino hacia la derecha. Seguiremos por el Serrat del Caselles y el Collet de Cantagalls pasando por el Mas de La Vila. El sendero sigue en bajada hasta el Torrent del Güell y vuelve a subir hasta llegar a la zona deportiva de Talamanca.
En Talamanca es de obligada visita su castillo de gran carga histórica, durante la guerra de sucesión y la guerra de Talamanca con las tropas borbónicas.
La vuelta a Mura la realizaremos por senderos y pistas que corren casi en paralelo con la carretera BV-1221. Llegando a la riera de Nespres y la ermita de Sant Antoni. Siguiendo la riera hasta el punto de partida.

Índice MIDE ¿Qué es el MIDE?

 


 

Lo Mejor de Esta Ruta

  • El castell de Talamanca. Situado en el casco antiguo del municipio de Talamanca y que se encuentra actualmente en un buen estado de conservación, constituye un elemento de referencia en la zona. El castillo fue casi reconstruido de nuevo en el siglo XVIII, después de que Felipe V, en sus Decretos de Nueva Planta, la incluyera en la lista de castillos que se tenían que derribar por haber sido importantes focos de resistencia pro- austracista. Del castillo originario, datado del siglo X, sólo se conserva la torre y una parte de la muralla. El castillo es un edificio de fuerte carácter simbólico y que debe convertirse en un elemento de referencia para el desarrollo turístico del municipio. La potenciación turística de este recurso como elemento de dinamización y creación de riqueza serán básicos por el municipio y su entorno más cercano. El castillo, al estar ubicado en el mismo casco antiguo de Talamanca, goza de un entorno natural de gran belleza, actuando como puerta norte del Parque Natural de Sant Llorenç de Munt y l’Obac, ya 15 minutos de Mura, un importantísimo centro de atracción de visitantes, especialmente los fines de semana y festivos.
  • Mura. La primera noticia que se tiene de su existencia data del año 978. Alrededor de la iglesia de Sant Martí, ya documentada el año 1088 empezaron a levantarse las primeras casas de este pintoresco pueblo que aún hoy en día conserva todo su encanto medieval. Históricamente, el trabajo en el campo era la principal dedicación de sus gentes; especial importancia tuvo el cultivo de la uva, que a partir del siglo XVIII desplazó las formas más tradicionales de agricultura. Ésta era una tarea especialmente ardua dada las características montañosas del terreno, solventadas en parte mediante la construcción de lagares entre las viñas, los cuales se utilizaban para la prensa y fermentación de la uva. Ya entrado el siglo XIX, la filoxera acabó con los viñedos y provocó un importante descenso de la población. Otra tarea importante, hasta mediados del siglo XX, fue la elaboración de carbón vegetal, hasta el momento en que la energía eléctrica determinó su desaparición. Desde entonces, sus gentes se dedicaron a otra clase de trabajos en consonancia con los nuevos tiempos. Así, se instaló una fábrica textil a principios del siglo XX, la cual estuvo en funcionamiento hasta el año 1964. Lógicamente, el cierre de ésta, tuvo importantes consecuencias socio-económicas en la vida del pueblo, determinando la emigración de la población hacia las ciudades industriales o hacia poblaciones vecinas. Desde entonces, la fisionomía de Mura se ha ido transformando hasta convertirse en un pueblo con gran número de segundas residencias, sentando las bases para una tradición turística en potencia. Precisamente, para con los nuevos trabajos e ingresos devengados del turismo, resultó muy relevante la creación del Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac, en el año 1972. Desde entonces aumentó el número de turistas y visitantes. A nadie se le escapa que, como ocurre en otros muchos municipios de Cataluña, el turismo podría garantizar el futuro del pueblo y su núcleo poblacional.
  • Santa Maria de Rocafort La iglesia de Santa María esta situad en la pequeña localidad de Rocafort en la comarca del Bages de Barcelona. El municipio está formado por la unión de dos antiguos núcleos urbanos: el Rocafort y el Pont de Vilomara. La iglesia esta ubica a la salida del pueblo al borde de la carretera que lleva a la localidad de Mura. Documentada desde el año 1023 presenta una sola nave con capillas laterales, la nave principal cubierta por bóveda de cañón, acabada en un ábside de forma poligonal. Adosado al ábside se encuentra el campanario de planta cuadrada y con cuatro aberturas donde se alojan las campanas, este campanario fue restaurado en los años 80 del siglo XX, y las campanas en los 90 del mismo siglo. En 1994 el artista Angel Millán, pintó los murales para la sacristía. Esta iglesia nos permite disfrutar de elementos románicos reaprovechados y de elementos correspondientes al gótico tardío. En su interior se encuentra una bella tumba de estilo gótico, perteneciente a Pere Sitjar. (s.XIV).

 

Sabias Que…….

El municipio de Rocafort i Vilumara está formado por la unión de dos antiguos núcleos urbanos: el de Rocafort y el de El Pont de Vilomara.

No te Pierdas……….

Visitar El Castell de Talamanca para disfrutar de los singulares espacios que lo conforman y de su historia desde sus orígenes medievales hasta el tiempo mas recientes. Estos lugares fueron escenario de la que se conoce como: la Batalla de Talamanca, entregada los días 13 y el 14 de agosto de 1714, que fue la última victoria del ejército catalán en la Guerra de Sucesión.

Parque natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac

El Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac está situado en la provincia de Barcelona, Cataluña (España) y tiene una superficie protegida de 13.694 ha repartidas entre las comarcas del Bages, el Vallés Occidental y el Vallés Oriental. Sus cimas principales son el Montcau (1.052 m) y la Mola (1.104 m), donde se encuentra el Monasterio de Sant Llorenç del Munt, que da nombre al macizo.
El Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac forma parte de la Red de Espacios Naturales protegidos, promovidos y gestionados por la Diputación de Barcelona. El interés paisajístico, biológico y cultural del macizo de Sant Llorenç del Munt y la sierra del Obac justifica la creación del espacio protegido, convirtiéndolo en una plataforma para el fomento de un uso racional del territorio que haga posible el aprovechamiento ordenado de los recursos. A la vez, el parque responde a los demandantes de equipamientos e instalaciones para el recreo y la actividad pedagógica en el medio natural.
El primer plan de ordenación del parque data de 1972. Un nuevo plan especial fue aprobado en 1982 ante el desmesurado crecimiento de las urbanizaciones que lo rodeaban. Finalmente, en 1987 fue declarado el parque natural por un decreto de la Generalidad de Cataluña. En 1998 se modificó el plan especial para ampliarlo en 4.055 ha más, hasta las 13.694 actuales.
En agosto de 2003 un gran incendio forestal arrasó su parte nordeste, afectando a los términos municipales de Granera, Monistrol de Calders, Mura i Sant Llorenç Savall (en este último se inició el fuego).
El Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac se encuentra ubicado en la mitad septentrional de la Cordillera Prelitoral catalana, a caballo entre las comarcas del Bages y del Vallés Occidental, entre el río Llobregat, al oeste, y el río Ripoll, al este.
Son 12 los municipios que tienen parte de su término municipal en él: Castellar del Vallés, Granera, Matadepera, Monistrol de Calders, Mura, Rocafort y Vilomara, Rellinars, Sant Llorenç Savall, Sant Vicent de Castellet, Talamanca, Terrassa, Vacarisses.
De las ciudades de Terrassa y Sabadell, en el sur, y de Manresa, en el norte, parten las principales vías de acceso. Desde ellas se puede llegar a las carreteras comarcales que atraviesan el macizo y nos facilitan el acercamiento hasta los distintos puntos de salida de las excursiones.
A Terrassa y Sabadell se accede mediante vehículo motorizado desde Barcelona por las autopistas C-58 y C-16, continuando este última hasta Manresa. La línea 4 de los trenes de cercanías de RENFE enlaza estas cuatro poblaciones. También los trenes de FGC llegan mediante diversas líneas (S1, S2 y R5) a estos destinos. Finalmente, hay autobuses de carácter local que partiendo desde las ciudades cercanas llegan a los diferentes pueblos de la comarca.
El corazón del parque es atravesado por la carretera Matadepera-Talamanca-Navarcles (BV-1223), que sube paralela a la riera de las Arenas por el coll d’Estenalles. Al oeste, las rutas Terrassa-Rellinars (B-122) y Rocafort y Vilomara-Mura (BV-1224) rodean los contornos occidentales (sur y norte, respectivamente) de la sierra del Obac. Al este, siguiendo el río Ripoll, la carretera entre Castellar del Vallés-Sant Llorenç Savall-Monistrol de Calders (B-124) hace lo propio con la fachada oriental de Sant Llorenç.

Medio físico
El parque está formado por los dos macizos que le dan nombre: el de Sant Llorenç del Munt, que culmina en las cimas de la Mola y el Montcau, con más de mil metros cada una, y la sierra del Obac, no tan elevada, cuyos montes más altos son el Castellsapera (939,3 m), el cerro del Castellar (931 m) y la colina de Tres Creus (929,7 m). Ambos conjuntos montañosos están separados en el sur por la riera de las Arenas y al norte por el torrente de Estenalles, uniéndose a través del collado de Estenalles (870,4 m), donde hay un centro de información. La red hidrográfica se compone de dos grandes ejes: la mencionada riera de las Arenas, que solamente lleva agua con ocasión de lluvias torrenciales y es afluente de la riera de Rubí, y el río Ripoll, de caudal permanente y tributario del Besós.
Tiene clima mediterráneo subhúmedo; por eso los principales bosques son de encinas y pinos, aunque también hay importantes robledales. Las precipitaciones oscilan entre los 800 mm. anuales de La Mola y los 700 del Obac, que se concentran durante el otoño y la primavera, aunque en el verano se pueden originar tormentas locales y en invierno puede nevar ocasionalmente.
Las rocas predominantes son los conglomerados, unidos por cementos silicios y calcáreos. Corresponden en su mayor parte a los depósitos de un delta fluvial del Eoceno, aunque las zonas más altas de la sierra del Obac pertenecerían al Oligoceno, cuando el brazo de mar donde desembocaba el gran río eocénico quedó convertido en un lago.3 Formados por pizarras, calizas, cuarzo y rocas eruptivas, estos conglomerados están dispuestas en diversas capas inclinadas y atravesadas por diaclasas, que favorecen la erosión del agua de lluvia.2 Dicha erosión ha modelado una orografía muy escarpada, llena de riscos y vaguadas, con torrentes y rieras en todas direcciones, que forman un relieve similar al vecino macizo de Montserrat. El origen de tales rocas está en la deposición de cantos rodados y otros materiales transportados por las corrientes fluviales durante la Era Terciaria, hace 50 millones de años. Estos cantos rodados se fueron cimentando mediante una matriz calcárea o arcillosa, dando lugar a los conglomerados. La acción erosiva del agua hizo el resto, produciendo elementos tan característicos del parque como los canales, los roquedos y los monolitos.
Las cimas principales están rodeadas de murallas rocosas escalonadas, socavadas por abrigos y cuevas, y flanqueadas por monolitos residuales de nombres caprichosos: Cavall Bernat, Cova del Drac, etc.
A nivel subterráneo, el agua ha modelado un impresionante conjunto de cavidades que, al aflorar al exterior, dan lugar a las conocidas simas, cuevas, surgencias y madrigueras. Entre todas ellas destaca la conocida como cueva Simanya, que sirve de drenaje al Montcau: su boca de entrada tiene diez metros de altura, que dan paso a una primera galería de 100 metros de longitud, luego a otra de 110 y finalmente a dos ramificaciones de 45 y 60 metros más respectivamente. También significativas son la cueva del Manel (con 932 m entre las distintas galerías), de las Ànimes (276 m) y el avenc del Daví (65 m de profundidad y 250 de recorrido), todas ellas en Sant Llorenç del Munt. En la sierra del Obac se han de mencionar las Cuevas o Mina de Mura, de 180 m de longitud y con una gran sala llena de estalactitas, estalagmitas y rocas de formas curiosas.

Flora
La base del macizo se encuentra ocupada por pinares de pino blanco (Pinus halepensis), muy resistentes a la falta de agua, que llegan hasta los 600 metros de altitud y suelen ser sustituidos en las zonas menos soleadas y/o altas por pino rojo (Pinus sylvestris) y pino negro (Pinus nigra). Estos pinares, en su mayor parte, son fruto de la transformación humana del bosque original y en muchas áreas aparecen mezclados con encinas (Quercus ilex) y arbustos mediterráneos como el brezo (Erica) y el madroño (Arbutus unedo). Los encinares constituyen el bosque más característico y extenso del parque, que por encima de los 800 metros se enriquece con especies como el serbal (Sorbus), el boj (Buxus) y el roble (Quercus). Éste último forma algunas matas muy interesantes, como la de las Teixoneres o del soto de la Bota. En las vaguadas más umbrías se pueden encontrar bosquecillos de avellanos (Corylus avellana), junto a los cuales crecen plantas propias de las regiones centroeuropeas, constituyendo los reductos más meridionales de su distribución.
En los roquedos y en los acantilados hay plantas de gran interés, adaptadas a condiciones extremas. Típicas de los lugares con poco suelo y orientados al norte son la relictual oreja de oso (Ramonda myconi), la endémica corona de reina (Saxifraga callosa ssp. catalaunica), el polipodio común (un helecho, Polypodium vulgare) o la campanula. En los pedregales de solana abundan durante la primavera el aromático tomillo (Thymus vulgaris), el ojo de lobo (Onosma tricerosperma), la falangera (Anthericum liliago), el tulipán silvestre (Tulipa sylvestris ssp. australis o los narcisos (Narcissus dubius y Narcissus assoanus). Entre las plantas perennes destacan algunas de hojas carnosas, adaptadas a la sequía, como la uña de gato (Sedum sp.), la lechuga silvestre (Lactuca perennis) y los conejitos (Antirrhinum majus).

Fauna
La existencia de grandes masas forestales alternando con espléndidos riscos y acantilados que se alzan majestuosamente sobre la llanura ofrecen unas condiciones óptimas para el refugio, la cría, la invernada y el paso de numerosas especies de vertebrados. Por la gran variabilidad de ambientes ecológicos presentes en los terrenos del parque, se pueden diferenciar claramente diversas comunidades faunísticas bien particulares. Así, desde los típicos habitantes rupícolas hasta los animales de los cultivos próximos a las masías, pasando por la fauna propiamente boscosa, se contabilizan un número considerable de especies animales (entre ellas, cerca de dos centenares de vertebrados), la mayoría de gran interés.
Una de las especies de mamíferos que ha visto más incrementada su presencia en el parque los últimos años es el jabalí (Sus scrofa), del cual se pueden ver bastante rastros incluso en los caminos, a pesar de la presión cinegética a que han sido sometidos. No es raro sorprender a alguna ardilla (Sciurus vulgaris) saltando entre las ramas o conejos (Oryctolagus cuniculus) en los pedregales de las laderas. Hay que resaltar la importancia ecológica de los mamíferos carnívoros que controlan el equilibrio en las diferentes comunidades, ese es el caso de la garduña (Martes foina), la gineta (Genetta genetta), el zorro ( Vulpes vulpes) y el tejón (Meles meles) entre otros, de costumbres nocturnas o crepusculares, lo que dificulta su observación. También hay algunas colonias hibernantes de murciélagos de cueva (Miniopterus schreibersii).
Las aves representan el grupo más numeroso de los vertebrados del macizo. Las más comunes son el mirlo (Turdus merula), la paloma torcaz (Columba palumbus), el arrendajo (Garrulus glandarius) y el petirrojo (Erithacus rubecula) que crían allí. En las partes bajas del macizo abundan el jilguero (Carduelis carduelis), la abubilla (Upupa epops ) y el zorzal (Turdus philomelos), que nidifica en uno de sus límites más meridionales en la Península.
De vez en cuando aparecen en el cielo algunas rapaces como el águila perdicera (Hieraaetus fasciatus) y el azor (Accipiter gentilis), así como varios falcónidos; muy excepcionalmente se pueden contemplar buitres (Gyps fulvus) y, quizás, un águila real (Aquila chrysaetos), ambos extinguidos como nidificantes. Asimismo, hay que destacar la presencia de algunas parejas de búhos reales (Bubo bubo), que han desaparecido en gran parte de Europa, mientras que aquí están presentes todavía en los peñascos más salvajes de las vaguadas.
Entre los matorrales y pinares es frecuente la culebra bastarda (Malpolon monspessulanus) y la culebra de escalera (Elaphe scalaris). Tampoco es raro sorprender entre los pedregales del parque al lagarto ocelado (Timon lepidus) o la víbora hocicuda (Vipera latastei).
En muchas de las fuentes que se encuentran en la montaña, crecen larvas de los vistosos tritones y salamandras (Salamandra salamandra, etc.), así como diferentes especies de ranas y sapos (Bufo, Alytes, etc.).

Ocupación Humana
El asentamiento humano en ambos macizos es conocido desde la Prehistoria. A lo largo de los siglos se han ido acumulando restos que son testimonio de las ocupaciones de los diferentes periodos históricos. En las cuevas del Frare y Simanya se han hallado fragmentos cerámicos y otros elementos correspondientes al Neolítico inicial y final, al Calcolítico, a la Edad del Bronce, a época ibérica y a la Edad Media. Muy cerca de la segunda, en el collado de Eres (ambos lugares al pie del Montcau), se encontraron cuatro sepulturas de cista datadas como visigodas gracias a una fíbula de bronce.
De todos estos periodos, el que ha dejado una huella más profunda es el de la Alta Edad Media, época en que empezaron a formarse en los alrededores del macizo la mayoría de los núcleos habitados que constituyen los pueblos y ciudades actuales.
Entre los elementos más destacables se encuentran iglesias románicas como la de Ntra. Sra. de las Arenas (citada ya en 1121)8 y, muy especialmente, el monasterio de Sant Llorenç del Munt, construido en la cumbre de la Mola. Aunque hay referencias tempranas acerca de la existencia de tres iglesias o capillas en dicha cima entre 947-957 (dependiendo de los autores), el edificio románico que ha llegado hasta nuestros días se comenzó a construir, probablemente, en 1045, siendo consagrado en el año 1064. Su iglesia es una copia exacta (a tamaño reducido) de la abadía de Sant Cugat. Muy pronto comenzó su decadencia, aunque siguió estando habitado hasta 1637, siendo después abandonado. El 30 de marzo de 1809 las tropas del ejército de Napoleón destruyeron lo que quedaba en pie.
También deberíamos destacar los numerosos castillos y torres fortificadas que se construyeron entre los siglos IX-XII. Además de los castillos de Mura y Pera (cuyas primeras referencias escritas datan del 978) o Rocamur (citado en 1055), levantados sobre rocas escarpadas alrededor del Montcau y actualmente en un estado ruinoso, en la periferia inmediata al parque podemos encontrar interesantes ejemplos como los de Castellar del Vallés, Rocafort, Talamanca o Castellbell.
Asimismo, hay abundantes masías del siglo XIV o anteriores (algunas de ellas fortificadas, como el Puig de la Balma) y muchas otras trazas que las actividades de sus habitantes han dejado al transcurrir el tiempo: restos de carboneras, en las que se fabricaba carbón a partir de las encinas; pozos de hielo, donde se almacenaba el hielo del invierno para ser vendido el verano siguiente; hornos para fabricar cal; muros de piedra seca y lagares entre las viñas, testimonios del cultivo de la viña.
La pagesia, antes extendida por todo el macizo y hoy residual, es heredera de unas tradiciones y una cultura de profundas raíces. Este campesinado ha generado una larga lista de leyendas relacionadas con la montaña entre las que destaca la del dragón de Sant Llorenç, monstruo que se refugiaba cerca de La Mola y fue matado en lucha singular por el conde de Barcelona Wifredo. Otras historias que han llegado hasta nuestros días son las del Pere penitente, Marieta la ciega, el rayo de Sant Joan, los monederos falsos de los Òbits, los tres demonios de Borrell, el bandolero Capablanca, etc

El Castell de Talamanca

El Castell de Talamanca

El Castillo de Talamanca, balcón privilegiado sobre los Valles de Montcau, abre sus puertas.
Situado en el casco antiguo del municipio de Talamanca es un elemento de fuerte carácter simbólico que tiene su origen en el siglo X. El dominio feudal desde la fortaleza fue ejercido durante muchos siglos por Talamanca, que dieron así nombre al castillo y al núcleo que lo rodea.
El primer nombre que aparece relacionado en 967 es el de un tal Salla o Sala, fundador del monasterio de Sant Benet de Bages en un documento en el que hace cesión de unas casas y unos terrenos en el término del castillo de Talamanca .
El dominio feudal correspondía a Cardona, tal como se constata en 1086 cuando Ramon Folc Y, en su testamento le deja en indiviso a su esposa Ermessenda ya su hermano el vizconde Folc II.
El dominio feudal correspondía a Cardona, tal como se constata en 1086 cuando Ramon Folc Y, en su testamento le deja en indiviso a su esposa Ermessenda ya su hermano el vizconde Folc II.
El primer miembro que llevó el nombre de Talamanca, fue Bernat de Talamanca, que aparece el 1121, y entre otros señores de este castillo hay noticia de Guillem de Talamanca o de Santa Coloma, castlà de Calders, Rodors y Sallent y Berenguer de Talamanca.
En el siglo XIV concretamente en 1381 los Talamanca compraron las jurisdicciones del castillo de Talamanca que quedaron en sus manos hasta la desaparición de los señoríos jurisdiccionales, aunque la familia Talamanca cambió de nombre por varios enlaces matrimoniales con las familias Aymerich, Planella y Amat.
Pasada la Guerra de Sucesión, fue reconstruido como casa fortificada por los marqueses de Castellvell, por eso se le conoce también como el “Casal de los Marqueses”.
En 1976 lo compró la familia Yoldi, que es la propietaria. Gracias al acuerdo entre esta familia, el Ayuntamiento y la Asociación de Amigos para el Desarrollo de Talamanca el castillo se podrá visitar a partir del 11 de septiembre de este año.
La batalla de Talamanca.
El Ayuntamiento de Talamanca está liderando la puesta en valor de un hecho histórico relevante, vinculado a la historia del castillo y del pueblo: el enfrentamiento, conocido como la batalla de Talamanca, en la que más de 5.000 soldados lucharon en esta zona un día entero.
En las postrimerías de la guerra de Sucesión, mientras Barcelona resistía los ataques de las tropas borbónicas, el ejército catalán exterior marchó desde Cardona con la intención de romper el cerco e introducir refuerzos en la capital. El comandante de esta fuerza, Antoni Desvalls, Marqués de Poal, siguió una ruta montañosa para evitar un enfrentamiento abierto, atacando por sorpresa el destacamento borbónico comandado por el Conde de Montemar que tenía órdenes de destruir las fuerzas de Poal.
Cuentan las crónicas que los catalanes embistieron el enemigo, mucho más numeroso, montaña arriba provocando un durísimo enfrentamiento y, fruto de ello, el día siguiente el ejército borbónico emprendió la retirada. Los catalanes volvieron al ataque y los volvieron a batir en Sant Llorenç de Savall llegando al Vallés.
Después de esto, el ejército catalán se retiró hacia Cardona. Así, teniendo en cuenta que los catalanes consiguieron una victoria demasiado ajustada en la batalla del Baluarte de Santa Clara el 12 y 14 de agosto, la batalla de Talamanca, entregada los días 13 y el 14 de agosto fue la última victoria del ejército catalán en la Guerra de Sucesión.
En los valles del Montcau, en el Parque Natural de Sant Llorenç del Munt y l’Obac, el pequeño núcleo de Talamanca tiene aún mucho mas para contaros, no faltéis.


Mura

Mura

Pueblo pintoresco que conserva todo su encanto medieval con calles y plazas en el entorno de la iglesia románica de San Martín. Situado a 454 m de altitud, en pleno Parque Natural de Sant Llorenç del Munt y l’Obac, se encuentra rodeado de carenas, torrentes, pozas, cuevas, fuentes y grutas que podrá descubrir siguiendo alguno de los numerosos caminos y senderos.
La etimología del nombre de Mura proviene del latín “murus”, que quiere decir muro, pared o fortaleza. Tal denominación responde a la existencia en estas tierras de un lugar amullarat, ya en la época ibérica y romana, destinado a la defensa de los habitantes.
La primera noticia que se tiene del nombre de Mura data del año 978.
La iglesia parroquial de San Martín, que ya está documentada en el año 1088, fue el eje de unión de las primeras casas que se empezaron a levantar. Alrededor de las paredes de la iglesia cobija las primeras familias muratanes, constituyendo lo que se denominó la Sagrera.
Al año 1365 vivían 32 familias en el término, pero fueron disminuyendo al final del s. XIV y hasta bien entrado el s. XV debido a la famosa Peste Negra. Las guerras de los Remensas también hicieron disminuir el número de habitantes de Mura, por lo que el 1553 sólo se contaban 16 casas. Entrado el s. XVII, fue aumentando paulatinamente la población de Mura, contándose 49 casas juntas; en 1782 tenía 103 habitantes y en 1860 se encontraban 126 en el pueblo y 12 en el arrabal, arroyo abajo.
En 1308 fue provista de mandamiento real la alcaldía de Mura, y en 1319 se inició el rectorologi de la parroquia de San Martín.
El pueblo de Mura estuvo sujeto al castillo de Mura hasta entrado el s. XVIII.
El trabajo del campo era la principal dedicación de los muratans, en especial el cultivo de la vid, que a partir del s. XVIII desplazó otros cultivos tradicionales. Este trabajo era extremadamente dura debido a las características montañosas del territorio. La utilización de terrazas permitió ampliar el escaso sol cultivable, mientras que la construcción de tinas al pie de las viñas para almacenar el mosto y la uva aligeró las dificultades del transporte. En el s. XIX la plaga de la filoxera devastó el cultivo de la vid y determinó un descenso de población.
Hasta mediados del s. XX tuvo una importancia relevante la industria del carbón hecho a las carboneras con la crema parsimoniosa de troncos de árboles en plena montaña, hasta que el uso de la energía eléctrica la hizo desaparecer.
Otra producción eran los hornos de cal que se utilizaban para preparar el mortero para la construcción, así como los hornos de clementina y los molinos de harina.
En tiempos más modernos, la despoblación y regresión general dejaban baldíos los cultivos y los muratans se dedicaban a trabajos más en consonancia con la época. La industrialización llegó a Mura para la instalación de una fábrica textil de hilados a principios del s. XX que se mantuvo en vida hasta el 1964. Esta fábrica estabilizó la subsistencia del pueblo, junto con las nuevas viñas, pequeños cultivos de regadío, ganadería, explotaciones forestales y un escaso turismo.
El cierre de la empresa textil determinó un cambio socioeconómico radical en el pueblo, ya que la población disminuyó considerablemente en marchar muchos muratans hacia las industrias de las poblaciones vecinas. Desde entonces, muchas casas han sido habilitadas como segunda residencia y de veraneo, por lo que la tradición turística ha ido aumentando.
La creación del Parque Natural de Sant Llorenç del Munt y l’Obac en 1972 contribuyó a incrementar el volumen de turistas en el pueblo y en su entorno.


Rocafort y Vilomara

Rocafort y Vilomara

El municipio está formado por la unión de dos antiguos núcleos urbanos: el de Rocafort y el de El Pont de Vilomara. También pertenece a este municipio la partida de Marquet que había pertenecido a Mura. En Marquet se encuentra una antigua iglesia prerrománica, considerada una de las más antiguas de la comarca.
El Pont de Vilomara está situado en la parte baja del término municipal, a una altura de 202 msnm, mientras que Rocafort está en la parte alta a una altura de 421 msnm. Entre las dos entidades de población, hay una separación de 7 km. Hay puntos del territorio municipal que superan los 600 msnm. La colina del Montgròs es considerado como la principal referencia orográfica, tiene 578 msnm.
El territorio está situado entre la riera de Mura, también llamada de Nespres, y el río Llobregat. Por una banda, la riera de Mura delimita el término con los de Mura y Talamanca y por otra parte, el río Llobregat, lo delimita con Manresa.
La primera referencia histórica del pueblo de Rocafort, data del año 902, con la denominación de Palau de Vesa (Palacio de Vesa). Hay documentos del año 966 donde se cita a la ermita de Sant Pere d’Oristrell, actualmente en buen estado de conservación. En el 982 se encuentran ya referencias al lugar de Vilomara, propiedad del castillo de Rocafort, con el nombre de Villa Amara. Existen pocos documentos históricos sobre la población de la localidad antes del siglo XII, siglo en el que la epidemia de peste asoló al país, diezmando de un modo importante la población local que no se recuperó hasta pasado algún tiempo. El censo se vio también muy afectado los siglos siguientes por diversas epidemias y guerras.
A finales del siglo XIII el linaje de la familia Rocafort es desplazado por la familia Sitjar, pasando a ser estos últimos los que mantienen el título de Señores de Rocafort. El último Señor de Rocafort, Pere de Sitjar, mando construir en 1347 la ermita de Sant Romà, aunque la repentina muerte del Señor el año siguiente, hizo que se detuvieran las obras. Esto y la llegada de la peste negra hizo que la construcción de la ermita no se reanudara hasta el 1353.
En 1377, después de la muerte de la viuda del último Señor de Rocafort, el castillo de Rocafort, así como sus tierras, pasa a ser de dominio del Monasterio de Sant Benet de Bages, el cual mantuvo su dominio hasta 1835, cuando se extinguió la comunidad monástica.
Pont de Vilomara empezó a desarrollarse alrededor del puente que se construyó durante la Edad Media en el camino que unía las ciudades de Manresa y Barcelona. La población recibió un buen número de inmigrantes a partir de finales del siglo XIX, al construirse diversas fábricas textiles, hasta entonces, el núcleo estaba formado por unas pocas casas con una pequeña parroquia, la ermita de Santa Magdalena. En 1874 se constituyó la primera sociedad destinada a llevar agua a Rocafort, pero la empresa acabó en fracaso. Poco después, en 1897 se recompuso la sociedad y se buscó una mina con más agua, pero igualmente, la cantidad no era suficiente. En aquella época era impensable subir el agua de la riera de Mura hasta Rocafort. A partir de 1947 Rocafort se quedó sin capellán y el número de habitantes decrecía a causa de una fuerte emigración, mientras que en el Pont de Vilomara pasaba todo lo contrario. Poco a poco el Pont de Vilomara se transformaba en la zona residencial, mientras que Rocafort aumentaban las segundas residencias, pasando a ser un lugar de veraneo.
En 1985 un incendio arrasó con la vegetación lindante en un espacio de 5.400 hectáreas5 con la localidad de Rocafort que llegó casi al Pont de Vilomara, dejando un paisaje devastado y austero.
Con anterioridad a la época contemporánea, el nombre había sido simplemente Rocafort y más oficialmente Rocafort del Bages. No aparece Vilomara en el topónimo debido a que era un arrabal pequeño y lejano.
A partir de 1917 el nombre cambió a Rocafort i Vilomara. Posteriormente, en el año 1933, el nombre cambió a Rocafort i El Pont de Vilomara. La denominación actual del municipio fue aprobada por la Generalidad de Cataluña el 27 de mayo de 1982. La razón del cambió fue el traslado del ayuntamiento y el crecimiento demográfico y en todos los sentidos de El Pont de Vilomara.
Vilomara es una evolución del nombre antiguo, que era Villa Amara, un alodio dentro del término y dominios del Castillo de Rocafort.
Debido al terreno en el que está situado la localidad de Rocafort, un macizo rocoso y rodeados de paisajes con mucha piedra y poca tierra, se creía que ese era el motivo del nombre de Rocafort. Estudios posteriores aseguran que el origen de Rocafort viene dada por la existencia del castillo. Llamar Roc (en castellano roque) a un castillo proviene del juego del ajedrez, en las que hay unas piezas equivalentes a fortalezas, antes llamadas roques y ahora torres. En el escudo de los señores de Rocafort, y posteriormente el de los Sitjar, que también fueron señores de Rocafort, viene representados varios roques, al igual que en el escudo municipal actual. Es por eso que el topónimo tiene su origen en la existencia de su castillo o roque (roc en catalán), el cual alguna vez fue ampliado o fortificado, por eso a Roc (o Roca, como en italiano) se añadió fort, formando Rocafort.
El escudo del municipio se define por el siguiente blasón:

Escudo embaldosado truncado: primero de argén, 3 roques de azur malordenados; segundo de gules, un puente gótico de oro de 9 arcos moviente de la punta. Por timbre una corona mural de pueblo.

Fue aprobado el 24 de mayo de 1984. La primera partición corresponde a las armas parlantes de los Rocafort, señores del pueblo que tradicionalmente ha sido cabecera del municipio, pero que actualmente se ha visto ampliamente superado por la localidad de Pont de Vilomara, población industrial creada al final del siglo XIX cerca del antiguo puente gótico (siglo XIII) sobre el Llobregat. Tiene nueve arcos y se ve representado en la segunda partición del escudo, donde simboliza la nueva capital del municipio.

Lugares para Visitar en el Mapa

 

La ruta en si comienza en la iglesia de Sant Martí de Mura al lado de la riera de Nespres. Para ello tendremos que atravesar el pueblo de bajada por sus calles estrechas. Atravesaremos la riera por un tabla de madera y seguiremos hasta alcanzar el torrent del Reixac. Veremos cerca las primeras señales de sendero local (Verde-Blanco).


RUTA WIKILOC

DESCARGAS
Medio
8fuera de 5
Itinerario
8fuera de 5
Desplazamiento
8fuera de 5
Esfuerzo
16fuera de 5

2.5

2.5 fuera de 5
Razonable

Etiquetas asignadas a esta ruta
MuraRocafort i VilomaraTalamanca

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