De Montcada – Reixac a Mollet

De Montcada – Reixac a Mollet

descripción De Montcada – Reixac a Mollet

Situación Montcada i Reixac, Vallès Occidental, Catalunya, España

Moderado Moderado




Descripción Dificultad: Moderada.

Distancia Total Distancia Total: 24, 08 Kms.

Altitud_Máxima Altitud Máxima: 479 mts.

Altitud_Minima Altitud Mínima: 46 mts.

Desnivel Desnivel Acumulado: 1.047 mts.

Tiempo Total Tiempo Total: 7 h. 4 min.

Punto de Salida Punto de Salida: Montcada-Reixac.

Punto de Llegada Punto de Llegada: Mollet.


Ficha Técnica de la Ruta: ¿Qué es el índice IBP?

 
Ruta algo larga pero fácil en la que recorreremos buena parte de la Serralada de La Marina y la Serralada Litoral con sus respectivos parques.
La ruta casi en su mayor parte discurre por pistas y caminos amplios, al principio por algún sendero local, señalizado con marca de color en lugar de las típicas verde-blanca. Después nos cruzaremos con la GR-92 y terminaremos por la GR-97.3.
Empezaremos en la estación de RENFE de Montcada-Reixac (R2 Nord). Seguiremos hasta llegar a un puente para atravesar el rio Besós. Allí seguiremos por una fuerte subida hasta llegar el Turó de Moià (bandera y antenas). Bajaremos hasta llegar a la ermita de Sant Pere Reixac, muy bien cuidada y conservada. A partir de aquí volveremos a subir hasta que el camino se dividirá en 2. Seguiremos hasta llegar al Turó de Les Maleses. Allí se encuentra un gran poblado ibérico. Retrocederemos para ir por el otro sendero de bajada hasta llegar a La Conreria. A partir de aquí seguiremos la GR-92. Tras atravesar la carretera nos desviaremos ligeramente a la derecha por un sendero local hasta llegar a los pocos metros al Cementeri del Cólera. Volveremos otra vez a subir hasta llegar al Turó de Galzeran. Seguiremos bajando hasta el Dolmen de Castellruf y su poblado Ibérico a los pocos metros por un estrecho sendero de subida. Seguiremos el camino de bajada hasta llegar la Font de la Mercé. unos metros mas adelante Can Girona (actual casa de colonias). Seguiremos por el Coll Mercader dirección Llicoreres por GR-97.3. No la dejaremos hasta llegar a Martorelles. Una vez allí buscaremos el puente de peatones para atravesar el rio Besós y seguiremos hasta llegar a la estación de RENFE de Mollet a los pocos metros. Fin de la Ruta.

Índice MIDE ¿Qué es el MIDE?

 


 

Lo Mejor de Esta Ruta

  • Sant Pere de Reixac. La Iglesia de Reixac está ubicada junto al río Besos en la localidad de Montcada i Reixac. Está documentada desde el año 992. Fue rehecha a mediados del siglo XI y consagrada en 1048. Hacia el año 1676 se transformó adquiriendo el aspecto que podemos observar en la actualidad. Fue parroquia hasta 1876. Destaca de la iglesia su torre, de base cuadrada y remate octogonal, del siglo XVII. Tiene dos naves con arcos de medio punto en su interior, cubiertas con bóvedas de cañón de época moderna, rematadas con sendos ábsides orientados a levante. Se cree que la nave de mediodía podría ser del siglo X y la otra correspondería a la reforma del siglo XI. Tiene también en su interior una talla de la imagen de Mare de Déu es de un románico tardío o protogótico (transición ss. XII a XIII). Donde ahora está la puerta que comunica con la nave principal, antes había un arco de medio punto rebajado que en la actualidad se encuentra tapiado. La iglesia ha sufrido dos grandes incendios, uno en el año 1652 y otro en 1936, que provocaron grandes restauraciones casi integrales en su arquitectura. El conjunto fue restaurado por Jeroni Martorell en 1951. La edificación de la planta es similar a Sant Joan de Boí y el campanario octogonal es parecido al de Sant Pere de les Puel·les (Barcelona) y Sant Celoni.
  • Cementerio del Cólera de Tiana. Antiguo cementerio donde se enterraron enfermos de esta enfermedad durante una epidemia que hubo en Barcelona en 1870.
  • Poblado Ibérico de Castellruf Castellruf son los restos de un poblado íbero ubicado en el Cerro de Castellruf (459 m.), Cercano a la actual Badalona, vecino de los poblados del Cerro de Montgat, del Puig Castellar y del Cerro de en Boscà. Situado en Santa Maria de Martorelles, en la comarca del Vallés Oriental. Se han encontrado restos arqueológicos de mediados del siglo VII aC, que ya en 1931 Sierra Ráfols hizo conocer, lo que provocó expolios clandestinos. Las siguientes prospecciones, desde 1985, han permitido establecer que la extensión total del poblado es de 5000 m2 y que se encontraba rodeado por una muralla. Parece que fue abandonado o destruido a principios del siglo II aC, a partir del cambio de las condiciones económicas y políticas, y de las campañas de Catón y sus seguidores.

 

Sabias Que…….

Los íberos, habitantes prerromanos del levante y sur de la Península Ibérica, poblaron el territorio de la actual Cataluña dejando numerosos restos que han llegado hasta nuestros días. Los más antiguos parten del siglo VI aC y los últimos se datan alrededor del siglo I a..

No te Pierdas……….

Visitar El dolmen de Castellruf es un megalito que mide 1,60 m. de largo por 1,50 de ancho y 60 cm. de altura. A su lado había un menhir que, modernamente, se ha trasladado a la plaza de Santa María de Martorelles.

Los Íberos en Catalunya

Los íberos son un conjunto de pueblos que las fuentes clásicas (Hecateo de Mileto, Avieno, Herodoto, Estrabón, etc.) identifican en la costa oriental de la Península Ibérica con este nombre, al menos desde el siglo VI aC: elisyces, sordons , Cerretani, airenosis, Andosins, bergistanos, ausetans, indigetes, castelanos, lacetanos, layetanos, cosetanos, ilergetes, Iacetanos, suessetano, Sedetania, ilercavones, edetanos, contestanos, Oretania, Bastetania y turdetanos. Aunque las fuentes clásicas no siempre coinciden en los límites geográficos precisos ni en la enumeración de pueblos concretos, parece que la lengua es el criterio fundamental que los identificaba como íberos, dado que las inscripciones en lengua ibérica aparecen, a grandes rasgos , en el territorio que las fuentes clásicas asignan los iberos: la zona costera que va desde el sur del Languedoc-Rosellón hasta Alicante, que penetra en el interior por el valle del Ebro, por el valle del Segura y por la valle alto del Guadalquivir.
El concepto de cultura ibérica no es un patrón que se repite de manera uniforme en cada uno de los pueblos identificados como íberos, sino la suma de las culturas individuales que a menudo presentan rasgos similares, pero que se diferencian claramente en otros y que, veces, comparten con pueblos no identificados como iberos. Así, cabe destacar el uso de dos sistemas de escritura diferentes al norte y al sur, el uso exhaustivo de la escritura en el norte frente al uso residual al sur, la ausencia de escultura al norte que contrasta con las manifestaciones brillantes del sur, el uso de falcatas el sur y de espadas célticas tipo La Tène al norte, grandes tumbas y monumentos funerarios en el sur, en contraste con los pequeños túmulos y estelas inscritas del norte, decoración cerámica geométrica al norte y figurada al sur, etc.
La variante “íbero”, que se siente a veces, es errónea.

Extensión Territorial

La llamada “cultura ibérica” ​​tuvo su máxima expansión territorial aproximadamente entre la desembocadura del río Ródano y Cádiz y abrazaba así gran parte de la costa mediterránea occidental. Esta cultura floreció entre el siglo VI al II o I aC, dependiendo de la romanización de cada zona en concreto. Varios autores griegos de los siglos VI y IV mencionan los pueblos que habitaban la fachada mediterránea de la Península. Justamente son mencionados por primera vez en la Ora Marítima de Avieno, escrita en el siglo IV, pero que se basa en un periplo del siglo VI aC, posiblemente redactado a partir de un original fenicio. En los versos 472 y 474 leemos: “Y, frente a las Islas, los íberos extendieron su dominio hasta los Pirineos, establecidos ampliamente a lo largo del Mar Interior”.
Aparte del periplo copiado por Avieno, los autores clásicos (griegos y romanos) que hablan de los íberos llamados como tales se sitúan cronológicamente entre el siglo II aC y el II dC, es decir, en plena época romana: nos referimos a Apiano , Estrabón, Polibio y Ptolomeo, básicamente.
Los autores de la antigüedad dividieron esta civilización en diferentes pueblos o etnias, que acabaron consolidándose en el siglo V aC, aunque, como afirman Molinos y Ruiz (1993), no se debe confundir los términos etnia y estado, ya que una formación política (estado) puede abarcar diversas etnias (al igual que sucede en la actualidad), o una etnia puede estar fraccionada en varios estados (caso del actual Kurdistán). Por tanto, sólo nos podemos fiar de la arqueología, de las pocas inscripciones ibéricas y del testimonio de los clásicos para establecer el alcance de las formaciones políticas de la fachada mediterránea hispánica de la edad del hierro.

Origen e influencias Culturales

La región donde se habló la lengua ibérica presenta varios sustratos culturales; el más ancestral sería la cultura cardial del primer neolítico, de origen oriental; durante la época calcolítica, el norte desarrollará el megalitismo, el inicio de la edad del bronce está marcado por la difusión de la cultura del vaso campaniforme, desde donde se desarrollarán diversos grupos culturales regionales durante el resto del periodo. Es evidente que en la actualidad desconocemos qué lengua o lenguas hablaron estos grupos culturales.

La llegada de los indoeuropeos
Sabemos que los primeros pobladores indoeuropeos establecidos en nuestras tierras habían venido de la Europa central hacia el siglo XV a. En primer lugar colonizaron, parece que de forma pacífica, las tierras situadas al norte del curso del Ebro y poco a poco las penetraciones de estos pueblos se extendieron por casi toda la península. Así, según Villar (1996), en Cataluña, el País Valenciano y en el sur peninsular, hay indicios de toponimia protoindoeuropea, perteneciente al lenguaje que este indoeuropeista llama “antiguo europeo”, hablado antes de la llegada de los celtas en la península ( s. VIII aC). Es el caso de muchos nombres de lugar (especialmente de ríos) y de algunos nombres comunes (como, por ejemplo, la palabra “colina”). García Alonso (2004) también ha documentado muchos topónimos indoeuropeos en la mitad norte de Cataluña.
Después de atravesar la cadena pirenaica probablemente a través del Rosellón y el Ampurdán y la Cerdanya, los indoeuropeos acabarían imponiéndose, entre el 1200 y el 900 aC (época de los Urnenfelder o campos de urnas), sobre las poblaciones autóctonas catalanas. Instalaron especialmente en las llanuras costeras del Empordà, el Vallés, el Penedès, el Campo de Tarragona, además del Urgell. Otros autores como Santacana (1987) o Ibáñez (2002) rebajan el siglo IX aC la fecha de llegada de estas poblaciones en el noreste peninsular y parece que, en el siglo VI aC, se produjeron las últimas oleadas migratorias. Estas gentes, algunos historiadores consideran celtas, tuvieron una gran influencia en la formación de la cultura ibérica en el territorio catalán. Así, aportaron novedades como el poblamiento en aldeas fortificados situados en colinas, la planta rectangular de las casas, hechas con zócalo de piedras y barro y con paredes de tapia (como así se ve en el poblado de Cortes de Navarra), el arado de hierro, la devotio al caudillo, y el ritual típicamente indoeuropeo de la incineración del cadáver con la deposición de las cenizas en una urna que era depositada en un hoyo en el suelo. De ahí la denominación de cultura “de los campos de urnas”. Otras innovaciones en fueron, según Almagro (1945), nuevas especies de animales como vacas lecheras, cerdos “celtas”, el caballo domesticado, así como diversas variedades de cereales. Todo ello sin contar con las novedades en el terreno de las armas.
Esta gente se mezclarán con la masa de población autóctona y formarán un nuevo grupo étnico que con el devenir del tiempo acabaremos para conocer como “íberos”.
La presencia de un adstrato procedente de los campos de urnas en la Cataluña costera del norte del Llobregat quedaría reflejada con la presencia de algunos dioses como Bel (Rubí) o Herotoragus (Rellinars), que tienen paralelismos en el mundo galo del sur de Francia y topónimos como Burriac, lugar donde se situó el poblado más importante de los layetanos. Además, M. Pilar García-Bellido (1998) también señala que la propensión a la copia de la moneda ajena que practican los pueblos prerromanos de la actual Cataluña, que busca el carácter decorativo de las líneas, son características típicas de las monedas célticas. También algunos elementos del folclore catalán, especialmente en el norte del país, tienen claras reminiscencias celtas o indoeuropeas, como la creencia en las brujas, los duendes, las mujeres de agua … García Alonso (2004) afirma que una serie de penetraciones gálicas ya de época tardía, es decir, del siglo I aC, impondrían sobre un sustrato íbero (que, en todo caso, ya había recibido indoeuropeització con la venida de las gentes de los “campos de urnas”) unos topónimos claramente celtas en la mitad norte de Cataluña y quizás algunos de los elementos culturales que hemos mencionado.

El origen del pueblo ibérico
En cuanto al pueblo conocido por las fuentes como “ibero”, posterior a estas penetraciones, hay tres grandes corrientes teóricas: lo que considera que es un producto de la influencia de los pueblos colonizadores sobre las poblaciones indígenas (el más simple en nuestro entender) y no hubo ninguna invasión; lo que, aparte de este impacto colonial, cree que este concepto es étnico y designa un determinado pueblo que nació en el sureste de la península (la zona ocupada actualmente por las provincias de Alicante y Murcia aproximadamente) y que posteriormente expandió sus estímulos culturales y, probablemente, también parte de su población hacia el norte; y el que propone una expansión de norte a sur siguiendo la fase de expansión de la cultura de los Campos de Urnas.
En los tres casos, se rechaza la idea de su origen norteafricano, que había sido extendida durante los años 60 y 70 y que partía de las tesis de Pedro Bosch i Gimpera. Este historiador y arqueólogo, en su obra Etnología de la Península Ibérica (1932), afirmaba que los íberos históricos habrían surgido de poblaciones sahariano-camíticas del norte de África, emigradas en la península en época prehistórica y que habrían dado lugar, en un primer momento, a la cultura eneolítica de Almería. Sin embargo, recientes investigaciones muestran una gran barrera genética entre las poblaciones española y norteafricana causada por el estrecho de Gibraltar y que las coincidencias culturales entre ambas regiones se deben a aportaciones culturales de origen oriental.
El SE peninsular había estado en íntimo contacto en la edad del cobre con la cultura de Almería, que evolucionaría hacia los horizontes de El Argar en la edad del bronce. También hasta esta zona (que es el área nuclear ibérica, según terminología de muchos autores) también se había extendido la cultura tartésica, originaria del SO peninsular durante la primera mitad del primer milenio. El legado de aquella civilización se vio enriquecido con el contacto de los pueblos colonizadores y en esta zona del SE, así como en la zona de Jaén (donde la cultura ibérica, en el siglo VI y V alcanzaría su máximo esplendor en la época llamada “ibérico antiguo”), surgiría el caldo de cultivo que daría lugar a la civilización ibérica. Además, la espada-tipo ibérica, la falcata, se encuentra básicamente el SE hispánico y en las tumbas más ricas, lo que denota una ideología aristocrática y guerrera propicia al expansionismo territorial. En cuanto a la identidad de este pueblo, sólo sabemos que Avieno llamaba los habitantes del sureste hispánico “Gimneta” y menciona su influencia tartésica. Más tarde, aparecieron los contestanos (provincia de Alicante), mastiens (Murcia) y Bastetania (Granada y Almería, aproximadamente).
De esta manera, supuestamente los fines ibéricos del sur conquistarían los antiguos pueblos preexistentes en la fachada mediterránea hasta llegar al SE de Francia, donde sometieron los ligures hasta la raya del río Hérault y, más tarde, del Ródano. Parece, según algunos autores, que también se establecieron en la Aquitania (SO de Francia). El pseudoEscílax de Carianda, autor de una compilación de textos efectuada en la segunda mitad del siglo IV aC, afirma que los misgetes fueron el resultado de la fusión entre los ligures autóctonos y los íberos conquistadores y que se extendían entre el Ródano y el Pirineo. Padrón y Sanmartí (1992) también consideraban estos misgetes como el resultado de la mezcla entre los iberos y la población que habitaba la Galia meridional. En cambio, Hecateo de Mileto, en una época anterior, el siglo VI aC, en su obra Ethniki, nos menciona los misgetes como habitantes la zona que va desde el Garraf hasta los ríos Orb y Hérault. Algún tiempo después, hacia el siglo IV, los íberos abandonarían el sur de Francia y retrocederían hacia los Pirineos: así el pseudoEscílax de Carianda nos dice que la colonia de Emporion, ya en territorio ligur, marcaba el límite norte del pueblo íbero en esta época. Posiblemente, en el siglo IV, la población de la mitad norte de Cataluña ya estaría suficientemente iberitzada porque el pseudoEscílax ya sólo considerara misgetes los habitantes en el norte de los Pirineos, que ya había sido abandonado por los iberos. Pero todo esto sólo son especulaciones.
En todo caso, ya en el siglo II aC se considera los Pirineos como la frontera entre el mundo ibérico y el celta (gálico), como, por ejemplo, nos dice Polibio en su Historia (vol. III, 39), cuando indica que esta cadena montañosa separa celtas de iberos.
En cuanto a la imposición (forzada?) De su lengua en esta expansión al norte, muchos estudiosos, en la actualidad, piensan que el ibérico era la lengua original de las poblaciones de este núcleo del SE y que se ‘extendió hacia el norte hasta llegar al sur de Francia, en un primer momento, como lengua franca, para favorecer los intercambios comerciales. Posteriormente, la población acabaría por asumirla como propia, si bien esta teoría ha sido criticada por varios autores:

La abundancia de antropónimos ibéricos en Pamplona y Huesca, y más Aún en las zonas Ibéricas mediterráneas, resta verosimilitud a la hipótesis de que el ibérico sea una lengua meramente vehicular que Hace algún tiempo promueve J. de Hoz (1993). No se verosímil que la gente ponga generalizadamente a sobre hijos números en una lengua de uso meramente vehicular y no en la suya propia.
— F. Villar i A. Prosper, Vascos, Celtas e Indoeuropeos, Salamanca, 2005

Respecto a la difusión de elementos de cultura material y población, y no sólo de la lengua, de este centro nuclear del SE, tenemos como uno de los principales defensores José Barberá (1990) y Enric Sanmartí, que argumentan que la expansión hacia el norte fue bastante rápida. Gimeno y Izquierdo (1990) han adoptado la fecha del siglo VI aC para la llegada de grupos ibéricos en la actual costa catalana procedentes del sur. Esta teoría ha sido criticada porque no sería la más económica:

Sobre un substrato lingüístico pre-indoeuropeo se introducirían pequeñas islas lingüísticas de indoeuropeo (alteuropäisch), muy probablemente hablado por las gentes de Campos de Urnas. Con el tiempo el substrato indígena pudo ser el que se impuso y eso explicaría el empleo posterior de la lengua ibérica en todo el nordeste peninsular, ya que esta hipótesis resulta más plausible que la de una indoeuropeización total y un posterior desplazamiento, también total, por el íbero.
— Gonzalo Ruiz Zapatero: El substrato de la Celtiberia Citerior: el problema de las invasiones; Poblamiento celtibérico, coord. por Francisco Burillo Mozota,1995

En cuanto a la posibilidad de que la cultura ibérica se extendiera de norte a sur, una teoría reciente (Ballester, 2001) propone que los Pirineos orientales fueron el núcleo central de la lengua ibérica, ya que sólo esta situación explicaría las afinidades fonéticas y léxicas con el grupo bascoaquità los Pirineos occidentales, afinidades que debían ser muy antiguas, ya que no pudieron afectar también el celtíbero. Otra posibilidad es responsabilizar de las afinidades entre ibero, vasco y aquitano a un origen cultural común y que, según Jesús Rodríguez, sería la cultura centroeuropea de los Campos de Urnas, lo que para Javier Velaza haría que el íbero debería extendido de norte a sur, ya que la presencia de esta cultura es más antigua al norte y porque la unidad lingüística del íbero sólo puede entenderse como producto de una expansión reciente.

La influencia de los pueblos colonizadores: griegos, fenicios y cartagineses
Ya desde el 800 aC (aunque, según las fuentes clásicas, la ciudad fenicia de Gadir -el actual Cádiz- fue fundada hacia el 1100 aC) los fenicios, y en una época posterior (siglo VI aC) los griegos, viajaban hacia en Occidente a fin de buscar metales y tierras para cultivar. Producto de los intercambios comerciales y culturales de los indígenas del SO de la península con los recién llegados, en esta zona florín la refinada civilización de Tartessos, rica en recursos mineros que tanto interesaban fenicios y griegos. Esta cultura estaba muy influenciada por las factorías fenicias de la costa andaluza. En realidad, durante el siglo VII aC, tuvieron una gran importancia los fenicios en la conformación del sustrato sobre el que actuará la cultura ibérica. La expansión de los comerciantes fenicios se extendió también hacia el NE peninsular en esta época, concretamente a partir de la segunda mitad del siglo VII a. Obtenían de nuestras tierras metales, productos agrarios y esclavos, hasta el 570 aC, en que su hegemonía sería sustituida por la de los griegos. Es también en el siglo VII aC cuando se fundó la colonia fenicia de EBUS, en la Isla de Ibiza. Y ya antes de que se fundara la ciudad de Massalia, en el sur de Francia, a principios del siglo VI aC, los etruscos, un pueblo procedente de la Italia central, exportaron sus productos en las costas del golfo de León. Por otro lado, hacia el 600 aC, aparecieron en el golfo de Roses las ciudades griegas de Rhode (Rosas) y, algo más tarde, hacia el 575 aC, aproximadamente, Emporion (Empúries), fundada por los masaliotas. Esta pequeña ciudad, pero, en su primer siglo de vida, es sólo un puerto redistribuidor de productos manufacturados entre los indígenas y parece que no tendrá un territorio propio (Khora) hasta el siglo V a. Así, etruscos (en menor grado), fenicios y griegos, a los que se añadirán los cartagineses en el siglo IV aC, contribuyeron con sus aportaciones a la formación de lo que llamamos cultura ibérica.
La cultura ibérica, en todo caso, según Santos (1989), presenta como elementos distintivos la cerámica a torno, un incipiente urbanismo y el uso del mineral de hierro para la confección de armas y herramientas. Nosotros añadiríamos la escritura y la evolución gradual hacia un modelo semiurbano de sociedad que los romanos acelerarían notablemente en su beneficio, como también por algunos rasgos mediterráneos como el culto a la Dea madre, testimoniado por las abundantes hallazgos de terracotas que representan la diosa Tanit-Deméter.

Periodos Clave

1. Segle VII aC. Toma de contacto entre los colonizadores griegos y los pueblos iberos.
2. 650-200 aC. Desarrollo y plenitud de la cultura ibérica.
3. Segle III a. Guerras Púnicas.
4. 195 aC. Tras la Batalla de Emporion, los romanos consolidan la presencia en la Península Ibérica.
5. Segle II-I a. Proceso de romanización, por el que la población íbera queda sometida y la cultura íbera decae progresivamente hasta ser engullida por la cultura latina.

Lengua y Escritura

La lengua de los iberos está documentada por escrito fundamentalmente en escritura ibérica nororiental y residualmente en escritura ibérica suroriental y en Alfabeto greco-ibérico. Los textos en lengua ibérica se pueden leer casi sin dificultades, pero en su mayor parte son incomprensibles, dado que la lengua ibérica es una lengua sin parientes suficientemente cercanos para ser útiles en la traducción de textos. Una de las escasas excepciones son los textos cortos que sólo contienen nombres de personas, dado que la antroponimia ibérica es uno de los aspectos mejor conocidos de la lengua ibérica, gracias a las inscripciones latinas.

Estructura Social

En este medio, potenciado por las influencias coloniales que actuaban desde la costa, las primitivas formaciones tribales heredadas de la edad del bronce comenzaron a entrar en crisis a partir del momento en que la demanda exterior exigió la constitución de unas comunidades estructuradas, de modo que la producción y las redes de distribución estuvieran garantizadas por una autoridad central, con la consiguiente aparición de aristocracias y de una división del trabajo cada vez más acusada.
La existencia de esta aristocracia, la conocemos gracias a la arqueología, y más concretamente, a la existencia, en el sur del País Valenciano, de una escultura animalística funeraria de prestigio, elaborada con piedra, que formaba parte de tumbas más o menos monumentales datables desde finales del siglo VI a principios del siglo IV, en las que enterraban los miembros de la aristocracia.
Ciertos indicios proporcionados por las fuentes escritas relativas a las acciones conducidas por los bárquida durante la segunda mitad del siglo III en la Península Ibérica, tras la derrota sufrida en la primera contienda de Cartago contra Roma, señalan que, al menos en los territorios meridionales ibéricos , se había desarrollado una transformación de la estructura del poder tendente a la aparición de monarquías menudo hereditarias, un fenómeno que parece que también se dio entre los ilergetes de la Cataluña de Poniente.
Desde el punto de vista de la estratificación social, si tenemos que hacer caso de los datos proporcionados por la arqueología, al menos en cuanto a Cataluña, la excavación de los hábitats ibéricos no muestra una diferenciación social muy acusada, si es necesario juzgar a partir de la amplitud y el confort de unas viviendas con respecto a los demás, ni tampoco se detectan unas áreas que privilegien las prácticas de unas actividades económicas o laborales concretas. A la hora de captar diferencias sociales entre los miembros de una comunidad ibérica, quizás las necrópolis son los lugares donde éstas se pueden manifestar con más contundencia, pero esto, que por ejemplo en Andalucía o el País Valenciano es factible, en el Principado lo es mucho menos que el número de necrópolis descubiertas hasta ahora en su ámbito territorial es muy escaso.

Economía

Las fuentes clásicas no ofrecen prácticamente ninguna información sobre la economía de los íberos, por tanto la única fuente de información es la procedente de la arqueología.
En cuanto a la agricultura, los cereales constituyeron la base de la producción: la cebada, el trigo duro, el mijo, la espelta, la espelta pequeña, la escanda y la avena. Una parte de la producción se debía panificar, mientras que otra parte se dedicaba a la producción de cerveza. Las legumbres son el segundo grupo en importancia: la lenteja, el guisante, el haba, etc. El lino era importante, tanto para la obtención de fibras para hacer tejidos como de aceite. También la viña era un cultivo frecuente tanto para su consumo directo, como por su transformación en vino. En cuanto a la ganadería, los bóvidos machos eran explotados fundamentalmente como fuerza de trabajo en la actividad agrícola y las hembras para la obtención de leche. Los cerdos sólo eran usados ​​por su aportación alimentaria, mientras que cabras y ovejas serían usados ​​para obtener, de manera complementaria, carne, leche y lana. Los caballos serían animales de prestigio y útiles para la guerra. Por los poblados costeros, la pesca también debía de ser una actividad importante, dado que se han encontrado anzuelos y plomos de red, pero no se conocen los tipos de barcas que empleaban.
La metalurgia del hierro se aplica tanto a la producción de armas como una gran diversidad de instrumentos de trabajo: rejas de arado, picos, hachas, azadas, Magalla, hoces, tijeras de esquilar, etc. La metalurgia del bronce se aplica a la producción de objetos personales: hebillas de cinturón, fíbulas, agujas, anillas, pendientes, etc. La actividad textil está bien documentada tanto por algunas representaciones iconográficas de mujeres hilando como por la presencia abundante de pesas de telar y fusayolas. Los íberos vestían ropa de lino y lana. El tejido se realizaba dentro de las casas o en el exterior, junto a la entrada. El proceso de elaboración de un tejido constaba de varias fases: cardado de la lana, hilatura y tejeduría. La hilatura se hacía con un huso de madera en un extremo se colocaba una fusayola de arcilla; la textura se realizaba en telares verticales formados por una estructura de madera cuadrangular en la que se agrupaban los hilos, tenso-con ayuda de pesos de arcilla. Con la lanzadera de mano se hacía la trama pasando horizontalmente los hilos y alternando con hilos verticales. En los poblados ibéricos, esta actividad ha sido identificada gracias a la presencia de fusayolas, semillas de lino y restos de fibras. Otras actividades artesanales que tenían lugar pero que son difíciles de documentar son el curtido de pieles, el trabajo del esparto y de la madera, materiales ampliamente utilizados por los iberos.
La producción cerámica es muy variada y de muy buena calidad, con pastas trabajadas, depuradas y cocidas a alta temperatura: ánforas para el transporte, vajilla de mesa, vasos de almacenamiento y para la transformación de alimentos, etc. Las decoraciones suelen ser pintadas en rojo, tanto geométricas como figurativas.
El comercio de importación se documenta fundamentalmente por el hallazgo de vajilla de mesa y grandes envases de transporte de productos alimentarios (vino, aceite y salones de pescado) griegos, fenicio-púnica, etruscos y romanos. El comercio de exportación se documenta mediante el hallazgo de ánforas ibéricas en el Languedoc-Roussillon, en Cartago y en Ibiza, que probablemente contenían vino y cerveza. Los cereales, probablemente, constituyeron una gran parte de las exportaciones teniendo en cuenta los grandes conjuntos de campos de silos que se documentan en el siglo IV aC, coincidiendo con la intensificación de las importaciones. También los metales debían ser objeto de exportación: especialmente el cobre y la plata.

Moneda

Las primeras monedas que emplean los iberos para realizar intercambios comerciales son las producidas por los griegos en Empúries y Roses en el siglo V a. De hecho, inicialmente los íberos utilizaban la moneda fenicia y griega como objeto exótico de ostentación. A finales del siglo IV aC, se acuña moneda Arse, el actual Sagunto. El estallido de la Segunda Guerra Púnica conlleva la fabricación de gran cantidad de moneda de plata. Durante la dominación romana en la Hispania Citerior, la Hispania Ulterior y en poblaciones celtíberas acuña moneda con inscripciones íberas.
Estas monedas se han convertido en una herramienta privilegiada para conocer denominaciones de poblaciones, dioses, mitos o indumentaria que de otra manera hubieran quedado en el olvido.
Un ejemplo de moneda íbera sería el dracma de plata Barkeno, llamado así por la leyenda que consta. Datada en el siglo III AC, en el anverso de la moneda hay una cabeza femenina y en el reverso un caballo alado o Pegaso con la inscripción Barkeno. Una se conserva en el Museo de Copenhague y también se han encontrado dracmas íberas con esta leyenda en un yacimiento de Salamanca. Se cree que estas monedas fueron acuñadas en el asentamiento íbero llamado Barkeno, situado en la montaña de Montjuïc (Barcelona).

Religión

De la existencia de sacrificios de animales entre los iberos, informa Estrabón, que dice que los íberos sacrificaban según el ritual de los griegos, recogían sangre en una pátera, entonaban cánticos y tocaban música de flautas. Muchos de los exvotos o pequeñas figuritas de bronce encontradas en los lugares de culto aparecen con los brazos abiertos en actitud orante y en las decoraciones pintadas de la cerámica del Puig de San Miguel (Llíria, Valencia) aparecen a menudo escenas de danza ritual. Los cultos a los antepasados ​​tenían lugar en las casas, mientras que los relacionados con las fuerzas de la naturaleza se desarrollaban en santuarios situados fuera de los asentamientos, aunque, los yacimientos más importantes, se detectan edificios singulares que probablemente tenían una función religiosa.
Uno de los cultos más populares era el de Deméter, una divinidad griega femenina relacionada con la agricultura y la muerte, asimilada en el mundo púnico a Tanit y que en el mundo ibérico estaría asimilada a alguna divinidad local. No se conocen los nombres de las divinidades ibéricas, aunque en dos inscripciones latinas aparecen citadas dos divinidades de nombre celta: Herotoragus y el dios Seitundus. En el mundo ibérico meridional, hay evidencias de la heroïtzació de personajes humanos: es el caso del santuario del Pajarillo (Huelma, Jaén).
Los cadáveres eran quemados vestidos, a menudo con sus armas y otros objetos personales. Los restos eran lavadas antes de ser colocadas en una urna que se enterraba en un hoyo acompañada de objetos personales y otros ofrendas. En el sur son muy frecuentes las grandes tumbas y los monumentos funerarios, en el norte sólo se documentan pequeños túmulos y estelas a veces inscritas, como el encuentro en Rubí. Aunque la incineración es prácticamente universal entre los iberos, cabe destacar que es muy frecuente la inhumación de bebés dentro de las casas.
En cuanto a los aspectos ideológicos del ritual de incineración, se pensaba que el cadáver del difunto se convertía en humo que ascendía al Cielo. En caso de un guerrero traspasado, las armas eran dobladas y quemaduras al fuego funerario. Posteriormente, las brasas se apagarían posiblemente con vino y el resto de los huesos que no se habían quemado se lavaban y eran depositados en la urna. A continuación, se celebraba una comida funerario, que era más sofisticado como más alta era la jerarquía del personaje sepultado, que precedía a la ceremonia de la libación o derrame de vino sobrante de este banquete y se colocaban ofrendas de alimentos a la tumba. También se rompían de manera ritual los vasos cerámicos que habían sido utilizados en la comida y se depositaban junto a la urna. Así se procuraba que el uso de los vasos finalizara con la vida del propietario. Este ritual de rotura de vajilla cerámica se encuentra constatado hasta el siglo III aC en las necrópolis ibéricas. En las necrópolis íberas documentadas, los vasos cerámicos formaban parte de las ofrendas o ajuar funerario, así como el armamento.

Arte

Las mejores manifestaciones del arte íbero son escultóricas, realizadas en piedra y bronce. Los restos conservados en madera y cerámica, al ser materiales perecederos, son escasas.
El área de expansión de la escultura ibérica no es muy grande, aunque sí muy diversificada, lo que favoreció una gran variedad regional propiciada, en buena medida, por las riquezas naturales y los rasgos culturales de cada zona. Sus manifestaciones se centran en tres áreas: Andalucía, el centro de la Península Ibérica y Valencia.
El área andaluza, de Huelva y Granada, es de una gran complejidad por la influencia cultural de los pueblos colonizadores orientales que se habían instalado con anterioridad (fenicios, griegos, etc.) y por la tradición dejada por los tartesios. La proliferación de restos arquitectónicos y escultóricos, así como muestras de orfebrería y cerámica son los rasgos más distintivos de esta región. Junto a esta corriente oriental, se aprecia en Andalucía otra de origen helénico, que se introduce desde las costas alicantinas hacia el sur, presente en el Conjunto de Porcuna y al Yacimiento de Osuna (del siglo III aC ).
En el interior, los Santuarios de Despeñaperros y Castellar (Jaén), se han recogido pequeños exvotos y figuritas de bronce.
Al este de la Península Ibérica, en la antigua Edetania, las manifestaciones ibéricas muestran grandes vinculaciones, no solamente con las viejas tradiciones de los primeros pobladores del bronce y del hierro, como por ejemplo en la incineración como sistema de enterramiento, sino también con las corrientes orientales aportados por los colonizadores griegos, de los que recogen características propias del periodo arcaico griego, tratan los mismos temas -esfinxs, grifs-, y utilizan decoración geométrica en la cerámica, con fondos amarillos o ligeramente rojizos. Esta corriente mediterráneo se transmite a zonas aisladas del valle del Ebro, donde se mezcla con los sustratos celtas y posteriormente romanos.
La actividad mejor conocida del arte ibérico es la escultura figurativa, con pequeñas estatuas de bronce, utilizadas como ofrendas o exvotos, y estatuas de piedra de mayor tamaño. Los yacimientos más importantes son los santuarios del Cerro de los Santos y el de Llanos de la Consolación, en Albacete; el santuario del Collado de los Jardines, en Despeñaperros (Jaén) y el del Cigarralejo en Murcia.
Entre las esculturas realizadas en piedra, clasificables según su finalidad funeraria o religiosa, se encuentra la Dama de Baza y la Dama de Elche (Museo Arqueológico Nacional de Madrid), que presentan una rica decoración y que sirvieron de urna funeraria. Más primitiva que las anteriores, y con finalidad religiosa, es la Gran Dama Oferente (del siglo VI aC), procedente del Cerro de los Santos, en la que se aprecian las influencias arcaicas de la plástica griega en la larga vestimenta de profundos y geométricos pliegos.
De esta misma época es la Bicha de Balazote (Museo Arqueológico Nacional de Madrid), relacionada con los toros antropocefàlics mesopotámicos y seres de aspecto feroz del mundo hitita.
En la orfebrería, destaca el Tesoro de Xàbia, formado por piezas de oro y plata de delicada labor de influencia griega.

Poblados y Yacimientos

El periodo íbero en Cataluña se solapa por un lado con la prehistoria y con el periodo romano por la otra. La cultura ibérica se puede identificar en Cataluña a partir del siglo VI aC, cuando las poblaciones neolíticas de la zona reciben la influencia de los pueblos indoeuropeos y hacen un cambio hacia la civilización. Los íberos viven normalmente en colinas, y lo hacen no sólo por motivos de defensa, sino también por la situación; una colina ofrece la posibilidad de controlar las plagas de cultivo, las rutas de comunicación de la zona y su tipo de vida que está muy relacionado con el lugar donde viven. Se considera que su periodo de máximo esplendor fue hacia el siglo II aC, que fue cuando estuvieron más influenciados por los griegos. Este período terminó con el proceso de romanización, que culminó hacia el año 50 dC. En su cultura se puede ver una gran influencia tanto de la cultura griega, establecida en Roses y Empúries, como de la feníciocartaginesa que dominaba el sureste de la península. De hecho el sistema de escritura que desarrollaron, la escritura ibérica, es descendiente directa de la fenicia.
Cataluña estuvo habitada por diferentes tribus:

Los Elísics (frances élisyques, griego Ἐλισύκοι -ων, latín elesyces) fueron un pequeño pueblo íbero de la región de Narbona. Se cree que los elísics que vivían entre los indiketes y los celtas se mezclaron con una población local de origen quizá lígur.
Sus pueblos o fortalezas fueron Ensérune, Pech Maho (Sigean), Bassanel (Olonzac), Mailhac, la Moulinasse (Salles-d’Aude), le Moulin (Peyriac-de-Mer), Cessero (Saint-Thibéry), la Monédière (Bessan) y Montlaur; su dominio era el valle del Atax (Aude), el valle del Heledus (o LEDU, el Lez) y el valle del Orobus (o Orbis, el Orb), a los modernos departamentos de Aude y Hérault. Deberían comerciado con los griegos y quizás fenicios y sueño mencionado ya al inicio del siglo V aC por Hecateo de Mileto a la obra Periegesis (hoy desaparecida pero citada en algunos pasajes por Esteve Bizantino), que los consideraba lígurs; Herodoto señala mercenarios elísics al ejército cartaginés el 480 aC al asedio de Himera (Sicilia); mucho más tarde, en el siglo IV, Avieno, tomando como fuente a Hecateo, dice que su capital había sido Naro (Narbona) donde el río Atax desagua al mar y junto a las marismas de Helice más allá de las cuales había besar (Béziers) pero que a su tiempo las valle del Heledus o el Orobus estaban devastadas y los pueblos en ruinas. Las marismas de Helice (moderno estando de Capestang) podrían haber dado nombre a los elísics, el nombre habitual es erróneo, influido sin duda por los elíseos (Ἠλύσιος, la llanura ELISA, los campos Elíseos) que entre los griegos designaba una especie de Eden prometido a los héroes, situado en los confines del océano Atlántico). Los elísics fueron absotbits por Volques que se instalaron en su territorio en el siglo III a.

Los Sordons o Sardon, fueron un pueblo de la Galia, que se extendían desde los Pirineos hacia el norte, básicamente ocupando la comarca del Rosellón. Las fuentes antiguas lo identifican como pueblo ibérico. Entre sus ciudades destacaban Illiberis y Ruscino. Eran vecinos del consorans (consorani) y los indigetas.

Los Airenosis o Arenosins eran un pueblo que las fuentes antiguas identifican en la Península Ibérica entre el Ebro y los Pirineos. El único autor que los menciona es Polibio (Historias III, 35) al describir los pueblos a los que se enfrentó el ejército de Aníbal en su travesía de los Pirineos. Junto con los airenosis, Aníbal derrotó los ilergetes, Bergistanos y Andosins. Tradicionalmente se les localiza en Valle de Aran.

Los Andosins (quizás del euskera Hand, “grande”; en griego Λνδοσίνους) eran un pueblo prerromano que las fuentes antiguas identifican en la Península Ibérica entre el Ebro y los Pirineos sin más concreción, pero que la historiografía ha localizado tradicionalmente en Andorra. El único autor que los menciona es el historiador griego Polibio (Historias III, 35, 1) al describir los pueblos a los que se enfrentó el ejército cartaginés de Aníbal en su travesía por los Pirineos. Además de los Andosins, Aníbal derrotó también los ilergetes, los Bergistanos y los airenosis.
A juzgar por los rastros evidentes en la toponimia andorrana se cree que debían hablar una lengua bascoide,. Como otros pueblos pirenaicos (airenosis y bergistanos) que también conocemos por la misma cita de Polibio, eran una sociedad plenamente neolítica pero poco influida tanto por la cultura de los campos de urnas como por la cultura ibérica. A pesar de ello en el yacimiento del Oral, en la parroquia de Encamp (Andorra), se encontraron restos ibéricos. Las fuentes describen los Andosins como un grupo organizado alrededor de una villa en los valles de Andorra, con un espacio rural y que probablemente era un subgrupo de los ceretans de la parte alta del valle del Segre. Durante los tiempos del imperio romano se sabe que los Andosins establecieron relaciones comerciales a través de la vía romana Strata Ceretana del Alt Urgell y la Cerdanya. De hecho en el yacimiento medieval de San Vicente de Enclar también se han encontrado monedas y herramientas romanas.
Se conocen las aldeas del Antuix-Sot Grande (en Engordany) y el Roque del Oral (Encamp).

Los ceretanos o Cerretani fueron un pueblo íbero de la zona de los Pirineos, que ocuparon el actual Cerdanya (de la que deriva el nombre) y en general el valle del Segre. Fueron maestros fuera poco jamones. Tenían al este los ausetans y al sur los ilergetes. Su ciudad principal era Julia libyco (Llívia).
Se cree que en el actual emplazamiento de Castellciutat hubo una capital de los ceretans Augustana o quizás los ilergetes surdaons.

Los indiketes, indigetes y indiketas (latín indigetes o indigetes) fueron un pueblo íbero de la provincia Tarraconense, en el extremo noreste, en el golfo de Roses y Rhoda y hasta los Pirineos ocupando las comarcas del Empordà, la Selva y quizás el Gironès, donde se encontraban con los ausetanos.
Los indiketes emitieron moneda con la leyenda undikesken en escritura ibérica nororiental que Ibérico se interpreta como una referencia al nombre de la etnia a la que también hacen referencia las fuentes griegas y latinas: (moneda) de los indiketes o los de Undika.
Estaban divididos en cuatro tribus y sus ciudades principales eran Indika (no localizada pero cercana en Empúries), Emporiae (una colonia griega rodeada por una muralla y con una muralla interior que separaba las zonas griega y indicó [6]), Rhode, Juncaria , Cinniana (Cervià) y Deciana (Llançà). Al cabo de Creus había un templo dedicado a Venus con un pequeño puerto llamado Portus Veneris (Portvendres). Sus tierras eran regadas por Clodianus (Fluvià), el Sambrocas (Muga) y el Tich (Ter). El distrito del golfo de Empúries fue conocido por Juncarius Campus.
El 218 aC se sometieron a Roma. El 195 aC, el cónsul Catón el Viejo reprimió la rebelión de los íberos, y una batalla importante se libró en tierras de los indiketes.
Los principales yacimientos son Ullastret (Girona), Punta del Castillo [7] (Palamós, Girona) y Puig Castellet (Lloret de Mar, Girona).

Los Bergistanos (latín bargusii), o bergistanos, fueron un pueblo íbero, emparentado con los ilergetes, que vivía en el valle del río Saiarra. Su número era reducido.
Bergistanos o Bargusins ​​ocupaban la zona del alto Llobregat. Fueron sometidos por Aníbal en su expedición hacia Italia. También son conocidos porque se rebelaron contra Roma, pero, fueron reprimidos por el cónsul Catón el Viejo. [8] Livio llama 7 castillos de este pueblo. Cuando se levantó por segunda vez fue sometido a la esclavitud. El castillo principal, Castrum Bergium, podría corresponder a la actual Berga.

Los Ausetans eran un pueblo íbero del nordeste de la Península Ibérica. Fue citado por Avieno, Plinio el viejo y Tito Livio entre otras fuentes antiguas. Su territorio limitaba al este con los layetanos y los indiketes, y al oeste con los lacetanos y los Cerretani, y al norte con los castelanos. Su capital podría haber sido Ausa, origen del topónimo actual de Osona.
El territorio donde vivían los ausetans abarcaba la plana de Vic con las montañas que lo rodean (es decir, la actual comarca de Osona) y parte de la comarca de la Selva, siendo el macizo de las Guilleries la frontera con el pueblo de los indigetes. Se ha medido el Ausetana en unos 2.000 km2, y con respecto al centro político la historiografía bascula entre Ausa (que se convertiría después un núcleo romano) y el Cerro del Montgròs. Murallas al Cerro del Montgròs, una de las plazas más importantes de los ausetans.
Can Caseta. Se han encontrado platos, ollas y otros vasos.
Cerro del Montgrós (municipio actual del Brull). Oppidum, restos de una fortificación.
Casol de Puigcastellet (Folgueroles). Restos de un conjunto arquitectónico fortificado, que es uno de los primeros despegues importantes.
La Grieta (Roda de Ter). Restos de un poblado fortificado (algunos de los materiales arquitectónicos recuperados se encuentran en el Museo Arqueológico de la Esquerda). También hay restos medievales.
El Campo de las Losas (Tona): Necrópolis ibérica donde inhumaban los muertos (en vez de incinerarlos como era la costumbre mayoritario de los íberos), [9] en donde posteriormente se construyó un vicus romano de carácter militar entre el 120 aC y el 80 aC muy vinculado a la vía romana establecida por Mani Sergio. Dispone de un centro de interpretación.
San Vicente de Malla: Donde hay un monumento funerario.
Las excavaciones arqueológicas muestran que los ausetans conservaban una fuerte identidad de la cultura anterior a los campos de urnas y que después se iberizarán ligeramente.
Otra característica era su cerámica sin ningún tipo de decoración pintada.

Los Layetanos (laeatani, λαιαιτανοί) fueron un pueblo íbero que habitaba la parte de costa al sur del río Llobregat hasta Tordera. La Laietània comprendía aproximadamente las actuales comarcas del Maresme, Barcelonés, Baix Llobregat, Vallès Oriental y Vallès Occidental. Las ciudades principales de la Laietània fueron: Baetulo (Baitolo, actual Badalona, ​​a orillas del río Baetulo, hoy Besòs); Ilturo, predecesora de Iluro (Mataró); Lauro (Llerona); Egara (Egosa, Terraza) y Blanda (Blanes, cerca del río Larnum, hoy Tordera). Bàrkeno fue fundada hacia el siglo VI aC en la vertiente sur de la montaña de Montjuïc como puerto en la desembocadura del Llobregat, aunque después quizás fue refundada por los cartagineses. Anteriormente existió una ciudad en Montjuïc, que probablemente se llamaba Laie o Laiez, la cual dio el nombre a los layetanos. Tuvieron otros asentamientos por todo su territorio como el poblado ibérico del Puig Castellar en Santa Coloma o el poblado ibérico del Faro.
Como otros pueblos íberos hacían sus poblados en colinas y rodeados de murallas; las casas eran rectangulares y hechas con piedra. Vivían de la caza, la pesca y la agricultura y tejían lana y lino. Su cerámica era poco desarrollada y trabajaban reduïdament el bronce y el hierro. Almacenaban en silos. Sus vinos fueron apreciados en su tiempo. Uno de sus alimentos básicos fue un derivado lácteo similar al yogur.
Los laietanos emitieron moneda con la leyenda Laiesken en escritura ibérica nororiental que Ibérico se interpreta como una referencia al nombre de la etnia a la que también hacen referencia las fuentes griegas y latinas: (moneda) de los layetanos o los de Laie.

Los Lacetanos eran la tribu ibérica que habitaban en la Cataluña central entre aproximadamente el siglo VIII aC hasta finales del siglo I a. Tenían por vecinos los bergistanos (al norte, Berga), los ausetanos (al este, Osona), los ilergetes (al oeste, Lleida), y los layetanos y cosetanos (al sur, Barcelona y Tarragona)
El Bages era el núcleo más importante de los lacetanos, con extensiones hacia poniente, parte de la Anoia, del Solsonès y quizás de la Segarra. Junto con los ilergetes y los ausetans destacaron por oponerse al dominio de la república de Roma y como consecuencia fueron sometidos por el cónsul Catón el 195 a.
Fueron ciudades Lacetania importantes Iesso (Guissona) y Sigarra (Els Prats de Rei). También eran Lacetania según Ptolomeo: Iespus (Igualada), Ceresus (Santa Coloma de Queralt), iba (Tàrrega), Bacasis (Manresa), Telobis (Martorell), Ascerris (Segarra), Udura (Cardona), Lissa (una villa cercana a Manresa), Setelsis (Solsona) y Cinna.
Existe cierta confusión entre lacetanos y Iacetanos, pues algunas fuentes antiguas los confundieron.

Los ilergetes eran uno de los pueblos que ocupaban parte de la Península Ibérica antes de la llegada de los romanos. Su sustrato étnico estaba constituido, muy probablemente, por indígenas provenientes de la Edad del Bronce y algunas de las tribus indoeuropeas que ocuparon la península en el primer milenio aC, posiblemente celtas y lígurs.
Estaban ubicados en la zona la que sería conocido posteriormente como la Tarraconense, desde el Baix Urgell hasta el río Ebro, ocupando lo que en la actualidad son las provincias de Huesca y Lleida, ocupando las ricas cuencas del río Segre, Cinca y el Alcanadre, aunque la inestabilidad de las fronteras en la zona ha llevado a encontrar señales de su presencia durante largos periodos de tiempo en la actual provincia de Zaragoza y el norte de Castellón, donde presionaban los edetanos.
Su sociedad política estaba fundamentada en la existencia de un Rey (reyezuelos en las crónicas romanas), muy jerarquizada con oligarquías que mantenían la estructura social y un fuerte componente militar. Se sostiene la tesis de que era una sociedad muy avanzada la llegada de los romanos y que eran buenos comerciantes. Algunas ciudades grandes parecían disponer de una cierta autonomía con órganos de gobierno a modo de curias a partir del siglo I aC, aunque bien podrían estar influidas por el proceso de romanización acentuada a partir del 195 aC.
Su capital era Atanagrum, la ubicación exacta de la que se desconoce. Otra ciudad importante era Ilerda, también denominada Iltirta o Iltirda, (la actual Lleida), y que en determinados momentos fue también capital, llegando a considerarse en algunos periodos como la ciudad más grande en la península al norte de Sagunto , otra ciudad era Mendiculea.
Su economía estaba basada en la ganadería y el cultivo de grano. Se han encontrado molinos manuales giratorios. Fue muy importante el desarrollo de la metalurgia, la orfebrería y la industria textil. La cerámica tenía componentes fenicios y griegos, con motivos ornamentales geométricos. Usan la moneda, de bronce y de plata, al menos desde el siglo III aC, lo que favoreció el comercio y la captación de impuestos.
Su figura más notable fue el rey Indíbil (es 258 aC -205 aC) que como aliado de Cartago, sostuvo varios enfrentamientos con los romanos durante las Guerras Púnicas. La ubicación estratégica del territorio de los ilergetes favoreció sus alianzas con Roma o Cartago (casi siempre con esta última), aunque se afirma en la actualidad de manera unánime que el auténtico interés de los ilergetes y sus caudillos era favorecer los sus propios intereses, defender a su pueblo y extenderse más allá de sus fronteras conquistando los pueblos vecinos al margen de las dos grandes potencias del Mediterráneo occidental del momento.
Tras la Revuelta de Indíbil y Mandonio, los ilergetes quedaron muy debilitados [16] y no participaron en la gran Revuelta de 197 aC, en la que permanecieron neutrales y los emisarios de su rey Bilistage [8] pidieron protección los romanos.
El yacimiento arqueológico de un asentamiento ilergete que más información ha ofrecido sobre la historia de este pueblo, además de las obras de los autores antiguos romanos, es la de La Pedrera de Vallfogona de Balaguer.

Los Cosetanos o Cesetanos fueron una tribu ibérica que vivía en el campo de Tarragona, desde aproximadamente el Coll de Balaguer hasta el pie del Macizo del Garraf. En la Conca de Barberà y el Penedès no se sabe con seguridad si había núcleos habitados durante todo el año. Sus vecinos eran:
al sur, los ilercavones
al oeste, los ilergetes
al norte, los lacetanos y los laietanos
La ciudad más importante era Cese o Cissa, conocida sólo porque se acuñaron monedas. Cese asimilaba a Tarraco, pero hoy en día se cree que estaba situada al sur del Tarragonès. Los romanos llamaron, en un primer momento, el territorio como Cossetània.
Las crónicas romanas durante la conquista de Hispania califican los botines como “de utensilios bárbaros y de esclavos miserables”. Las fuentes clásicas romanas explican que la victoria de Cneo Cornelio Escipión sobre Hannó el año 218 aC fue cerca de Cissa, de la que se desconoce su localización exacta, pero se cree que sería cerca de Tarragona, donde Escipión fundó su base militar.
Ciudades atribuidas a cesetanos:
Cese o Cissa o Kesse el Tarragonès
Oleastrum (supuestamente Hospitalet del Infante)
Palfuriana El Vendrell
El actual Olèrdola
La Ciudadela de las Toixoneres el término de Calafell
Fondo d’en Roig al término de Cunit
Can Carrizo al término de Banyeres del Penedès
Las Guardias en el término de El Vendrell
Darró en Vilanova y la Geltrú.

Los Ilercavones fueron una tribu ibérica entre los siglos VI y I a. Abarcaba aproximadamente el territorio entre el Coll de Balaguer, Sagunto y Mequinenza. La denominación Ilercavònia aparece en textos y documentos griegos y romanos.
Su origen probable es el pueblo de los ilaraugats, mencionado por Hecateo de Mileto en el siglo VI a. Hacia el siglo III aC este pueblo se había dividido en dos ramas, los ilercavones de la costa, y los ilergetes del interior.
Plinio el Viejo y Ptolomeo hacen referencia a los ilercavones. El primero los sitúa desde el río Udiva (posiblemente el río Mijares) hasta pasado el Ebro. Ptolomeo llama la cabeza y el puerto tinieblas (posiblemente Oropesa), la desembocadura del Ebro y las ciudades de Cartago Vetus, Biscargis, Theano, Adeba, Tiarulia y Sigarra. Si aceptáramos que Cartago Vetus se Cantavella -como, en ocasiones, se ha ido sosteniendo, con fundamentos escasos-, los ilercavones contarían con una dilatada superficie en la zona montañosa del interior. Se supone que el límite entre los ilercavones y los ilergetes es la sierra de la Llena, y que el Coll de Balaguer los separa de los cosetanos. En general, se puede decir que vivían en el sur de Cataluña y norte del País Valenciano (la llanura, en Castellón) hasta la sierra de Almenara. El río Ebro era el centro de sus territorios y una vía básica de comunicación y comercio.
Ciudades atribuidas a los ilercavones:
Ibera (cerca de la desembocadura del Ebro, en la orilla izquierda, posiblemente Amposta o San Carlos de la Rápita).
Intibili (San Mateo o Traiguera).
Etovissa (Oropesa).
Cherronesus (posiblemente Peñíscola).
Sepelaco (Burriana).
Ildum (Cabanes).
Cartalias (entre el Ebro y Sagunto), situación desconocida, podría corresponder a los edetanos.
Osicerda o Osikerda (en la orilla derecha del Ebro, entre Tortosa y Zaragoza), situación desconocida, podría ubicarse en Xerta.

– Yacimientos arqueológicos conocidos
Poblado de San Antonio (Calaceite, el Matarraña). Declarado Monumento Histórico en 1931 (Gaceta de Madrid 04/6/1931).
Poblado los Castellanos (Cretas-Calaceite).
Castellet de Banyoles (Tivissa). Declarado Monumento Histórico en 1978 (BOE 12/15/1978) es sin duda uno de los núcleos ibéricos más importantes de Cataluña.
San Miguel (Vinebre)
Castellot de la Roca Roja (Benifallet) [17]
Coll del Moro (Gandesa)
Tossal del Moro (Batea)
Poblado del Azud (Tivenys)
Yacimiento arqueológico del barranco de las Fuentes (Xerta). Protegido como BCIL por el POUM de Xerta pesar que en los años 60 un 80% del yacimiento quedó destruido por las obras de captación del canal Xerta-Sénia.
Poblado de las Planetas (Bítem, Tortosa)
Castillo de Amposta. Sustrato arqueológico inferior
Poblado de la Herradura (Ulldecona)
Poblado de la Moleta del Remei (Alcanar). Declarado Monumento Histórico en 1979 (BOE 02/19/1979).
Poblado de Santiago-Mas d’en Serra (Alcanar)
Puig de la Nau (Benicarló). Con expediente incoado en 1992 de declaración de zona arqueológica.
Poblado íbero del Puig de la Misericordia y torre de defensa del Perengil (Vinaròs).
Y las necrópolis de Mianes (Santa Bárbara), del Mas de Búhos (La Aldea) y del Orihuela (Amposta).

Los poblados íberos dominaban los terrenos y caminos de alrededor y estaban rodeados de murallas y torres, levantadas directamente sobre el terreno, con unas primeras hileras de piedras de tamaño muy grande, sin cimientos.
Las viviendas se construían con paredes de barro levantados sobre unas primeras hiladas de piedra, sin fundamento. La cubierta era de ramas y barro.
En los poblados existían plazas y eras de uso común, así como edificios públicos como templos. Existían también hornos para el pan o la cerámica, cisternas de agua o las balsas para la basura. Esto sugería una organización estructurada y siguiendo una cierta jerarquía social.

A continuación se presenta una lista de algunos yacimientos íberos importantes de Cataluña:
Actualmente hay en Cataluña dieciséis yacimientos abiertos al público: Ciudad ibérica de Ullastret (Ullastret, Baix Empordà)
Poblado Ibérico de Castell (Palamós, Girona)
Poblado ibérico de la Esquerda (Roda de Ter, Osona)
el Casol de Puigcastellet (Folgueroles, Osona)
el Cerro de Montgrós (el Brull, Osona)
Puig Castellet (Lloret de Mar, Girona)
el Molino de Espliego (Tornabous, Urgell)
Poblado ibérico de Ca n’Oliver (Cerdanyola, el Barcelona)
Puig Castellar (Santa Coloma, Barcelonès)
Cerro de en Boscà (Badalona, ​​Barcelonès)
Olèrdola (Olèrdola, Alt Penedès)
Fondo de Roig (Cunit, en Tarragona)
la Ciudadela de las Toixoneres de (Calafell, Baix Penedès)
el Castellet de Banyoles (Tivissa, Tarragona)
La Moleta del Remei (Alcanar, Montsià)
Las Maleses (Montcada i Reixac, el Barcelona)
Darró (Vilanova y la Geltrú, Barcelona)

Otros yacimientos: San Sebastián de la Guarda (Palafrugell, Girona)
Poblado ibérico de Can Fatjó, Rubí, Vallés occidental)
Gebut (Soses, Segrià)
el Plan de Santa Bárbara de Montblanc, Conca de Barberà
Poblado ibérico de la Peña del Moro de Sant Just Desvern, Baix Llobregat
La Malesa, Castellar del Vallès

Sant Pere de Reixac

Sant Pere de Reixac

Sant Pere de Reixac es un templo parroquial católico ubicado en Montcada i Reixac. Es la iglesia parroquial del antiguo núcleo de Reixac.
Se conserva la iglesia a partir de la reconstrucción del 1676 y de posteriores mejoras. El lugar es documentado en 963 y el año 1028 se documenta la parroquia en una escritura de venta de un alodio, que comprendía los puestos de Porciano al plan; Bello Viziano, Albiniano y Canalies en la cordillera. La iglesia fue consagrada el 28 de diciembre de 1048 por Guilabert, obispo de Barcelona.
El en 1171 fue donada a la canónica de la sede de Barcelona. El 1581 se agregó al monasterio de San Jerónimo de la Murtra. Después de ser quemada durante la Guerra de los Segadores, en 1651, fue reconstruida en 1676. En el año 1778, el obispo de Barcelona, ​​José Clemente, la hace vicaría perpetua por el decreto de Carlos III. En 1876 la parroquia de Reixac pasó a pertenecer a Moncada.
Es un ejemplo de arquitectura románica religiosa, aunque documentalmente parece probado que en fechas del siglo X, Reixac tenía templo y que al constituirse en iglesia parroquial hacia el año 1028 se habría agrandado. El estado actual es producto de la restauración a que ha sido sometida, a partir de su reconstrucción en 1676, y luego más recientemente se han ido haciendo mejoras para su conservación.
La factura es representada por piedras y sillares dispuestos por hileras. Las aberturas son ventanas con Esplandiu. La puerta de entrada, orientada a mediodía, es de arco redondo de medio punto y adovelada, decorada con una moldura que recorre todo el enmarcado por el intradós. El templo es de planta rectangular y en el interior se distribuyen dos naves orientadas de este a oeste. La nave más grande exterioriza un ábside cuadrangular y la más pequeña dibuja en el exterior un ábside circular, en ambos casos ventanas con Esplandiu que dan luz en el interior. Seguidamente del muro de mediodía se extiende el cementerio de la parroquia. La cubierta es de teja árabe.
El campanario, adosado al muro de mediodía, presenta dos cuerpos bien diferenciados. El primero es cuadrado y parece ser originario de la primera época de la iglesia aunque también podría ser anterior y formar parte de una torre de defensa o de vigilancia. El segundo cuerpo es de planta octogonal y consta de dos registros, un primer piso y separados por una moldura un segundo en el que se abren cuatro ventanas con arco de medio punto. Los muros presenta unos sillares, sobre todo en el primer cuerpo y hace pensar que el segundo fue hecho con elementos reaprovechados en la reconstrucción de la iglesia el 1676. La ventana, es rectangular; la piedra del dintel ofrece un trabajo dentro de las variantes del arco conopial-flamígero. El dintel está sobre sendas piedras también trabajadas a fin ya efecto de dar más énfasis a la apertura del arco.


Cementiri del còlera

Cementiri del còlera

A pocos metros del antiguo seminario, siguiendo dirección la Fuente del Alba, encontraremos un curioso y desconocido recinto funerario: el Cementerio del Cólera. En 1870 se declaró una epidemia de fiebre amarilla o cólera en el barrio marinero de la Barceloneta de Barcelona, ​​debido, posiblemente, un barco infectado que provenía de la isla de Cuba. A pesar de los esfuerzos de las autoridades, la epidemia se empezó a esparcir por toda la ciudad de Barcelona. A modo de ejemplo, le indicaremos que la Junta de Sanidad Provincial decretó alejó todos los barcos del puerto de la Barceloneta ya que muchos trabajadores portuarios habían caído enfermos. El pánico se apoderó del barrio y emigraron once mil vecinos, que se dirigieron hacia pueblos del Vallés, de la costa o en la villa de Gracia. La situación se hizo tan insostenible que el día 22 de septiembre, el Ayuntamiento y la Junta de Sanidad ordenaron el desalojo forzoso de toda la Barceloneta.
Se decidió, entonces, establecer una colonia sanitaria a las antiguas dependencias religiosas de la Conreria para trasladar las familias sin recursos y jóvenes provenientes de la Casa Provincial de Corrección, desaparecido correccional y prisión de Ciutat Vella. Esta colonia de la Conreria alojará 1.693 personas, entre las que se habían 94 reclusos, que se repartieron entre el edificio del antiguo seminario y el convento. El médico responsable era el Dr. Peregrino Giralt, con la asistencia de enfermeras y sanitarios. Estuvieron desde el 23 de septiembre hasta el 10 de diciembre de 1870. El 29 de septiembre se produjeron las dos primeras muertes por cólera pero también hubo 16 muertes por viruela y otras muertes por enfermedades comunes. La epidemia se declaró terminada el día 7 de diciembre y, poco a poco, los vecinos de la Barceloneta pudieron volver a casa. Habían muerto 76 personas.
El recinto funerario del que os hablamos es la fosa común de estos barceloneses ingresados ​​en el sanatorio. Consta de una parcela de un 20 mx 11 m cerrado por un muro de piedra de un metro de altura aproximadamente. Actualmente no hay puerta de entrada pero parece que podía haber existido una pequeña. Una vez dentro, el único elemento que podemos encontrar es un monumento cilíndrico de piedra de poca altura, unos 40 cm, sobre una base, con un diámetro de entre 1,70m y 2 my un peso de unos 700 kilogramos. El círculo está dividido en cuatro cuadrantes en los que se alternan el símbolo de la calavera y del reloj de arena alado. En el centro veremos el escudo del Ayuntamiento de Barcelona, ​​rodeado por la inscripción “Colonia de Montalegre. El Ayuntamiento de Barcelona a las víctimas de la fiebre amarilla 1870 “. El monumento fue erigido el 25 de mayo de 1871.
El Cementerio del Cólera está situado en la parte inferior del Cerro del Reig, sobre el Coll de Montalegre (coordenadas X = 437918.43 Y = 4593849.18). Es de titularidad pública y está incluido en el Inventario Arquitectónico del Parque de la Serralada de Marina. El acceso es libre y abierto.


Poblado ibérico de les Maleses

Poblado ibérico de les Maleses

El poblado ibérico de las Maleses se encuentra en la cima de la colina que recibe el mismo nombre. Esta cumbre, a la vez, sirve de límite municipal entre los términos de Montcada i Reixac y Sant Fost de Campsentelles.
Se trata de una elevación de 462 metros de la Sierra de Marina, desde donde se puede dominar visualmente todo el Vallés, parte del Barcelonès y parte del Maresme. Asimismo tiene buena visibilidad sobre los macizos del Montseny, Montserrat y Prepirineo.
El yacimiento layetano de las Maleses ha sido objeto de diversas intervenciones desde el año 1928, momento en el que la sección de Arqueología e Historia de la Agrupación Excursionista de Badalona realiza una primera intervención. Posteriormente las tareas de excavación fueron continuadas por la Unión Excursionista de Cataluña de Gracia. Durante los años 1943-1948 y 1955-1956 interviene en el yacimiento Josep Maria Cuyàs y posteriormente Joaquim Font i Cussó, J.Fàbregas Bagué, la agrupación de AGES de Santa Coloma y el Centro Excursionista de Montcada Bifurcación.
En 1982 se publican dos artículos referentes a yacimiento de las Malezas. El primero está firmado por Antonio Velasco y comenta la excavación de tres habitaciones. El segundo está firmado por Mercedes Durán y se corresponde con la memoria científica de la campaña realizada en 1980 con estudiantes de tercero de BUP y C.O.U. del Instituto de Bachillerato de Montcada i Reixac. La excavación se planteó en la zona sureste del yacimiento y permitió documentar cinco habitaciones, un bancal y posiblemente un silo. En 1980, el yacimiento fue víctima de saqueos.
Entre los años 1982 y 1985 se reanudan las campañas de excavación en el yacimiento, esta vez bajo la dirección de las doctoras Mercedes Durán y Elisabeth Huntingford. En noviembre y diciembre de 1998 se hicieron las tareas de consolidación de todas las estructuras excavadas a lo largo de los años. A partir del año 2000, Mercedes Durán y Gemma Hidalgo asumen la gestión, coordinación y dirección de un programa de investigación en las Maleses, que ha venido desarrollando hasta la actualidad un total de 9 campañas de excavación.

Lugares para Visitar en el Mapa

Montcada i Reixac pertenece a la comarca del Vallés Occidental y se encuentra en el ámbito del área metropolitana de Barcelona. Hay múltiples formas de acceder, tanto en vehículo privado como en transporte público.

Por carretera hay accesos desde:

C-17 (tanto en sentido Barcelona como en sentido Vic)
C-58 (entrada por el polígono de La Ferrería)
N-150 (a la altura de Can Sant Joan, Can Cuiàs, y por Terra Nostra y La Ferrería)
BV-5001 (carretera de la Roca, por Montcada Centre)
BV-1411 (carretera de Ripollet, por Mas Rampinyo)
BV-5011 (carretera de la Vallençana, desde Badalona).

Montcada i Reixac cuenta con cinco estaciones de tren, Can Sant Joan, Montcada Centro y Terra Nostra (líneas 4 y 7); Montcada Centro (línea 2); y Mas Rampinyo (línea 3), correspondientes a las líneas de cercanías de Renfe:

2 (Barcelona – Sant Celoni – Girona – Portbou)
3 (Barcelona – Vic – Puigcerdà)
4 (Barcelona – Terrassa – Manresa)
7 (Barcelona – Cerdanyola UAB – Martorell).

En Montcada i Reixac hay una estación de metro, en el barrio de Can Cuiàs, correspondiente a la línea 11.

 

La ruta casi en su mayor parte discurre por pistas y caminos amplios, al principio por algún sendero local, señalizado con marca de color en lugar de las típicas verde-blanca. Después nos cruzaremos con la GR-92 y terminaremos por la GR-97.3.


RUTA WIKILOC

DESCARGAS
Medio
8fuera de 5
Itinerario
8fuera de 5
Desplazamiento
12fuera de 5
Esfuerzo
16fuera de 5

2.75

2.75 fuera de 5
Moderado

Etiquetas asignadas a esta ruta
CastellrufMolletMontcada-Reixac

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